LA REALIDAD ES UN MONTRUO
Desde chico me pregunté qué será la realidad. En cada esquina, en el colectivo, en los sueños, en mi casa con mis padres mirándome, con mi hermana quejándose, con el pobre perro que pateé una y otra vez solo por estar harto de la existencia, la materia. En principio, todo lo que rueda es redondo, y la Tierra, yo sentía, que giraba al revés; que lo que era bueno, no era tal cosa. Que lo que había que pensar no era lo debido, sino lo indicado. Que la patria y el mundo son la misma cosa. Y cuando era muy chico y creía, sentía que la Luna me seguía y que Dios me conocía. Hace tiempo que la realidad es un monstruo. Uno amalgama de momentos, uno peor que el otro. Siempre en constante atropello. Siempre en movimiento hacia lo peor. Y sin embargo la realidad no tiene escape. Es lo que es y es. Y nosotros no podemos ser sin ella. O sí, pero me paraliza el miedo. Porque quizá el suicidio es la valentía máxima, la verdadera revelación. Existen teorías de todo tipo, hipótesis alucinadas...