ESCLAVOS DE GAIA (tercera entrega)
MIMANIC × Claude
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CAPITULO III
Prolepsis natural intuitiva.
La sensación Fuerza de prolepsis es innata ya qué, una vez que conocemos las cosas, sabremos que en el futuro estarán esas mismas cosas, aunque probablemente desarticuladas, resemantizadas, reconfiguradas y des configuradas, pero estarán allí en algo sólido singular; algo habrá de lo múltiple, no puede haber nada no singularizado por la razón. No debe haber nada. El futuro acumula cosas, artefactos, enunciados, sistemas de materia y forma reconfiguradas en nuevos momentos de significación. Pero la ousia del futuro es el presente en devenir. El presente acarrea como el oleaje a los elementos futuros, como el mar lleva a las olas a distintas cosas, llevándose a sí misma hacia la costa y a las cosas (plásticos en general) a su retorno a mundo. El océano es mundo, al menos en el sentido de contener pragmatas (que los hay), pero también allí ensayamos nuestros artefactos para la supervivencia. Por ejemplo: un barco es un móvil de supervivencia ya que el océano es lo que no se condensa, lo que no es siendo. Necesitamos escafandras, oxigeno, submarinos; no somos bienvenidos en ese mundo hostil del no ser siendo. Necesitamos no ser calcáreos para no hundirnos, pero podemos engañar al mundo mar y lo hacemos.
Sin embargo, el futuro siendo su ousia el presente, no es su configuración exacta, sino que muta como un cubo Rubik de infinitas combinaciones. Es oportuno mencionar que este presente es el futuro de un pasado proyectivo de oleaje, pero no sólo en su esencia de entes relacionales, más sino y también en la ousia de cada ente en particular en su relación con el sí mismo (un mar interno de oleaje constante). La expansión de una explosión constante de energía vital que proyecta hacia el espacio todas sus capas de presente y aquellas, a medida que avanzan en un espacio de relación coexistencial, se van temporalizando por movimiento. Y cada partícula vital lanzada contendrían “cables” (infinitos), que a su vez contendrían otras indestructibles fibras ópticas. Estas “fibras ópticas” como sentido de ser, son portadoras de energía o fuerzas, que internamente en el hombre se producen en las tripas orgánicas, expandiéndose a través del cerebro hacia su construcción de realidad efectiva. Una suerte de “fibras ópticas” que toman energía entrante, la digieren y expulsan, construyendo no sólo su entorno con las otras fibras vecinas, sino que también serían constructoras hacia arriba, a manera de conductos proyectores de esta energía o fuerza irradiante. Es muy visto, por ejemplo, en los entes como las abejas la cuestión del panal. De mentalidad única y constructora de su propio mundo, dentro de aquel panal; son buscadoras de energía en el afuera, dentro de las fuerzas proyectivas de la naturaleza (el polen). Pudiendo reconocer aquellas abejas de entre las materias proyectivas de la naturaleza a las catalizadoras de energías como son las flores y diferenciar a los cálculos estratificados del planeta; las rocas ya asentadas por su energía paralizada. Como cálculos renales del mundo, entumecidos por calcificación de pensamiento detenido, de tiempo aletargado por un entendimiento del ser para ser. Una potencia detenida, constituida por sedimentos de ser para ser, ser para soportar. Ser en el sentido de ser soportando, constituyendo, asentando existencia de mundo. El hombre físico es ser mineralizado; es un conjunto de minerales de tendencia a la estratificación basal a la norma de mundo rocoso. Nuestros huesos, cenizas son aquellos restos donde el mundo se asienta. Capas geológicas de nuestro retorno a lo concebido, legitimado y apoyado sobre capas de tierra cada vez más profundas, duras.
Así sean autos voladores o dinosaurios, eso es al menos un inicio de prolepsis natural de la mente sobre las cosas en sí y la configuración de la realidad como individuación de ideas materializadas. Siendo tan significativo el encuentro de un fósil escavado en la Patagonia, que la misma singularidad propia del hombre que lo encuentra. Siendo, quizá, aquél antiquísimo fósil un mismo sobre sí mismo, en estado de estratificación individual, pero en un deseo de poder superador de ese ser para sedimento existencial.
Sobre “uno mismo” no existen tantas certezas en la prolepsis y es allí donde entra la imaginación sobre hechos u acciones en las cuales participaré en un deseado futuro (bueno o malo, dejemos el inconsciente a un lado). Más no existe, por lo general, la posibilidad de saber el cómo (no hablamos de movilidad física, me refiero de “cómo” en el sentido material del asunto ya qué, en ese momento, cuando la mente imagina y “proleptica” se desconecta de la razón; quedamos suspendidos de la realidad empírica).
Por breves periodos de tiempo donde la razón suspende su acción y la imaginación toma presencia absoluta en la distribución de los entes en relación, es allí donde nos deshumanizamos en lo corpóreo (salimos de nuestras raíces de entes enquistados a minerales que se estratifican) y nos convertimos en un afuera posible; en un vehículo de traslación de nuestros deseos o voluntad de poder. Dentro de la prolepsis (como ámbito de lo real futuro) la situación no es distinta, ya que nuestro Yo informado, sin substancia, deambula incorpóreo siendo mero accidente o contingencia; lo mueve la fuerza del deseo como relación de un poder entre el ámbito de la prolepsis y el Yo mineral en catábasis. La prolepsis como modo imaginativo, verbo y lugar de la razón práctica, devenida en deseo fluido de experiencias posibles, no estratificadas por el mineral. La razón práctica arroja la semilla y la imaginación “proléptica” toma el control bajo aquella premisa racional practica del despierto; concretando una visión de futuro. Este sentido físico-proléptico del hombre desarrollado se ha de conjugar con las intersubjetividades de los otros entes participantes en el ámbito del proléptico futuro. Siendo estas intersubjetividades meras articulaciones del Yo proléptico con fundamentos columnarios en el Yo retirado, en aphofasis constante.
Lo que existe es una proyección semi-onírica de posibles externalidades propias, en acciones fugaces y borroneadas en camino del objetivo que no participa en la acción del actante o mi “Yo” proléptico; es un personaje neutro cargado de emotividad percibida por y desde la imaginación “proléptica” emotiva. Este personaje podrá tener mil variantes de opciones, sin embargo, elige y se “filma” para que nuestra imaginación “proléptica” retenga fugaces pasajes esporádicos, de borrones con ideas de devenir.
Una vez finalizada la prolepsis, el imaginante, sabrá quizá, que al menos allí va a haber cosas (artefactos) y un él, despersonalizado y desmineralizado, pero con carga emotiva. Esta visión de futuro es sin duda una capacidad humana bastante común, pero entendida cómo (buscar en la psiquiatría)
Consideramos que la visión de futuro es la posibilidad de saber qué, en un futuro, habrá cosas, entes disponibles. El “Él” proléptico será indistinto, sin ser un “Ello”; depende si es futuro mediato o es a largo plazo, donde la duda sobre la existencia física es más infundada, menos probable, eventual.
En suma, la visión de futuro como percepción y proyección de un tiempo presente en materia informada es una condición humana innata a modo de escape del mundo que asienta, fosiliza. Un sentido que se suma a los conocidos. Una fuerza del deseo que se proyecta hacia un horizonte de posibilidades que contiene ciertas certezas. He allí, en las certezas de la materialidad del ámbito proléptico donde se fundamenta mi tesis. Las certezas de la prevalencia de una determinada cantidad de entes posibles y reconfigurables. Un abanico de artefactos mundanos que podrán conformar ese espacio proléptico del deseo. Esta certeza firme de reconfiguración existenciaria representa una prolepsis natural de orden innata y en consecuencia un sentido ordinario, como lo son el olfato o la vista. Dicho esto, por consiguiente, el futuro es ser en el hombre, y uno y el otro, son co-originarios. Tratándose el futuro de la percepción distante de una idea material informada y desmineralizada, de estratificación nula, reestructurada en el consiente proléptico del imaginante. Es allí en esta diversión del presente “afuturado” donde se interpreta con tino o sin (depende del desarrollo del sentido proléptico del imaginante; a mayor saturación mineral en el cuerpo estratificado por mundo, menor será la capacidad deconstructiva de la fase vivencial presente) la reformulación física del Eidos. Siendo el futuro una substancia de materia estratificada (con distintas gradaciones de consistencia material) y la Forma (Eidos) reconfigurada en progresión infinita; pero percibible ese futuro, al menos, en un Eidos sin estratificación.
El futuro de mundo dado por Tierra debe de percibirse como la cinética astrológica de su movimiento calculado. Es decir que lo que vendrá, en dimensión de la materia, está determinado por la relación orbital destructiva para con el Sol. Es innegable que la etapa terrestre se encuentra en la madurez de una filiación suicida.
El hombre calcáreo y el hombre autograbado
Bien podríamos dividir al hombre en dos etapas: la pregrabación de los recuerdos en imagen y la postgrabación en el paradigma en el que nos encontramos hoy. El hombre calcáreo que se hunde en el sedimento del hallazgo arqueológico, que reúne las condiciones totales de aquél que se recordaba en poemas y leyendas, en códices y memorias, mitos, en un sustrato orgánico de lo mutable, falsificable. El hombre autograbado es el que contiene las cápsulas de su tiempo en un reflejo, en una representación extendida desde un artefacto subjetivado por la propia actividad creacionista del hombre. El artefacto en sí, será la condición material de la propia conciencia que lo que “idea” y construye. Nuestro propio constructo de situación es la matriz de todo aquello en poiesis permanente de función.
Es por este juicio que la razón sistematizada y mecánica de nuestros esquemas son las expresiones de nuestra propia construcción de recuerdo y soporte a fin. El hombre calcáreo del depósito mineral de la historia es recuerdo del hombre autograbado y es prenoción. El señor calcáreo y de poemas, Homero, sería la prenoción de una grabación en un skate park hecha con un celular. Es esta prenoción dicha por él, una liturgia del recuerdo, de la memoria de un ser que intenta encontrar su momento de separación con la inocencia de la naturaleza. Su disociación de lo que era uno, de lo que amasaba en lo múltiple unificado, en el espíritu de lo natural. Este hombre calcáreo asumiendo que la travesía de su devenir era impronta de su propia fundición de ser, encontró las maneras de encapsular su genealogía, su heráldica.
El hombre autograbado es la culminación de un proceso de histórica religión del recordarse, de atestiguar nuestra existencia en un soporte que nos sobreviva, que nos devuelva a lo social luego de la muerte. Esta condición de ente autograbado es por la voluntad de cometerse en el mundo de los significantes resignificados del futuro; encapsularse en un criptograma de lo antiguo que necesita resignificarse por fuerza de un nuevo paradigma de identidad histórica. Un cristal deleuziano donde queda comprimido el segmento signito de un Yo relacional dentro de una representación con otros signos concomitantes; lo más posiblemente adecuado –el soporte– a la vivencia real consumada en el muerto que se graba también en la conciencia de mundo que produce Tierra. Esta ventana de memoria es un soporte aceptable, ¿Por qué buscamos más y más calidad en la imagen? ¿Qué estamos buscando ahí dentro de todos esos millones de pixeles? ¿Qué otra realidad efectiva creemos que hay? ¿queremos escarbar en la imagen de un monitor 6K y encontrar la fisura?
El hombre autograbado asume el deseo del calcáreo y lo llevará hacia el hombre autoconcentrado; siendo esta última, la fase en la que el hombre será contemporáneo con su nacimiento y muerte, en un loop eterno. La evolución de la grabación externalizada por una grabación internalizada (muy afín al capitulo The Entire Story of You de la serie Black mirror, 2011) desde un Yo que retiene también, más allá de lo sensible de las señales sígnicas de sensaciones, pensamientos y afecciones; Una conciencia que se eterniza en un sistema de computadora. Estas serán conciencia de artefactos, conciencias de función y siempre funcionando con su propósito auto implantado. Artefactos cuya función será la de ser funcionamiento sobre algo sometido a la función de volver una y otra vez a actualizarse temporalmente; creando su propio tiempo en la repetición hasta consensarse.
Una vida funcionalizada dentro de un artefacto que la funcionaliza eternamente, cual primer motor inmóvil. Dentro de inconsciente Tierra este cristal de la autoprogamación, de eterna autopoiesis, será la mera manifestación física de un mineral, una sustancia estratificada. Un semoviente petrificado dentro de un programa de una supercomputadora que se auto reinicia en cada extremo del mismo cordel, como una cinta que conforma una oruga. Una banda de Möbius que le responde a Deleuze con un saludo de lo materializado; siendo resultado aquella banda, reificación de una prenoción que el filosofo idealista habría implantado en el matemático.
Por similitud lo que seríamos realmente, dentro del inconsciente Tierra, pero sin necesidad de aquella tecnología. Cristales, piedras, diamantes, cantos rodados, lajas de memoria, de existir no existiendo lo que una vez fue en mundo y ahora es sedimento en Tierra; gérmenes de una semilla que produce frutos sólo muriéndose una y otra vez, desintegrando el tiempo en la repetición.
Ser como sujeto y predicado de todos los sujetos y predicados
En la aparente escisión del hombre con la naturaleza, en ese despertar que resulta ser la proyección interna de la propia conciencia de Tierra, se da la dimensión que elástica se estira de la misma esencia; la sustancia debiendo de ser el soporte elástico de una esencia que es sustrato, naturaleza. La proyección elástica y sensible – como nuestra epidermis– que se desprende del inconsciente de Tierra, creando mundo o lo que llamamos naturaleza; la actualización del pensamiento, de la objetivación de lo concreto sobre la materia que se representa. La naturaleza es, además de nous, es lo que existe y se autopredica como lo múltiple en su singularidad. Podemos comprenderlo como el “Concepto” y denominarlo con este término, al menos en este capitulo y deconstruirlo.
Llamaremos Concepto al en sí y para sí
Concepto, modo en desuso del sustantivo feto: (Embrión de los mamíferos placentarios y marsupiales, desde que se implanta en el útero hasta el momento del parto). Sentenciando el eterno retorno de lo mismo en la implantación, en el rito de re originarse en la concepción una y otra vez en la especie. Una cápsula del tiempo donde dentro se llevan los signos de lo aprehendido.
Prolepsis medible y cuantificable
Mi sugestión no pasó más de una duradera congestión nasal. Y sin embargo no siento aún que mi yo se convenza de que la existencia de esa maldita pandemia no preexista la evolución de un desprejuiciado otro que me perturba en su emoción de horror. El miedo contagia, nos esconde dentro del surco de nuestro sistema de pensamiento; nos subsume en la antrópica del estar en el absurdo de nuestro menester diario de discurrirnos con reglas. “Vocablemente” aturdidos de verdad en los sonoros escupitajos de los que nos enuncian al hablar. Despojados de odio en una copula constante del hacerse uno con el cimiento de lo que somos y debemos. Allí en esta proximidad de lo absoluto, en el alejarse del sentido impuesto de lo inherente a la razón. Es aquí donde un manto se devela sobre la máscara de todos los enmascarados de este estado de conmoción. Porque la raíz de la semántica dividida en términos de precisión sobre lo que amamos en lo vencido y logrado, es mera mutilación del cuerpo, ¡y el alma!; repartidos por nosotros mismos respondiéndole a un dios. Es en esta dimensión de lo que es absurdo en la razón que se plantea un orden posible de nueva complexión. Pero en esta monosilábica retrograda dialéctica del siempre el mismo error. Moraleja de perdedores, todos los que fuimos nido en la cruel pax romana y más allá de lo que nos enseño Zenón.
Cordero en La invención de la filosofía, evocando a Antifonte: “…los estoicos dirán…todos podemos llegar a ser sabios si vivimos de acuerdo con la naturaleza…”. Vivir de acuerdo a la naturaleza, reincidente propuesta de la filosofía helenística; como el que al fin sale del capitalismo y dice: - No, no más de que es lo que hay que hacer, tener o decir, pensar, consumir. Refundemos la cosa, hagamos una revuelta al sistema. “Implosionémoslo” desde una transvaloración, desde una mirada de poder por parte de los Estoicos, placer en los epicúreos que viven ocultos y la libertad de los anarquistas perrunos. Allí emergió una forma distinta de pensar este mundo, una diferente concepción de que es la ética puramente práctica en el ejercicio disciplinante del cuerpo. La convergencia de lo ético con lo físico y lo servicial en la reverencia hincada ante un emperador. Esta predisposición a realizar de nuestro cuerpo un altar oferente al otro; dentro de la mismidad de los estoicos primitivos y en la servidumbre de su degeneración durante el periodo militar romano, y en los lejanos futuros cristianos. Prácticas de ejercitación del cuerpo utilizada por los gimnosofistas y otras filosofías orientales y que luego fueron convirtiéndose en occidente en la aberración del hincarse ante otro, con reverencia de servil esclavo. Eh aquí la contribución que seguramente Zenón jamás hubiera imaginado en la Στοά (¿o, sí?). Lógica, física, ética. Sistema significa disciplina, disciplina sinonimia con orden y este último con la capacidad de ejercer un poder. Es aquí la construcción de un paradigma desde un pórtico al mundo. Marco Aurelio: “Obra, habla y piensa siempre como si estuvieras a punto de salir de esta vida”. Puro y absoluto lenguaje militar estoico. Pura certeza de estar parado en la superficie de un eje existencial que concuerda con tu constructo dado.
Ubicación de la prolepsis
¿Dónde podemos encontrar nuestra percepción de lo futuro? ¿cómo hacerse de la noción de prolepsis y ubicarla en un posible futuro dentro de la cuantificación de órbitas terrestres? Investigar de que disponemos para que la prolepsis producida en la naturaleza del sujeto pueda anclarse en el futuro disponible en la medición, en el determinar la certeza mediata de su posición espacio-tiempo. El instrumento que contamos es duplo.
Por un lado, la información en la visión, los detalles no merecen mayor atención, por ahora. Supongamos que alguien “proléptica” sobre el día en que le entregarán la casa que aún no ha comenzado a construirse. Y en esta prolepsis, el yo proléptico se ve delante de una construcción no demasiado definida, una suerte de amalgama sobre un cielo celeste un verde de la tierra y, quizá, el color de las tejas de un rojo inexistente. Este recetario no remite a mucho análisis para afirmar que es un collage de la imaginación que se funde con un estado aparente del signo casa, signo tierra, signo cielo y signo tejas. Ahora bien, estos signos que son mezclados entre lo simbólico y lo simbólico de la prolepsis misma, es el poder de una síntesis del Yo proléptico como, también, el resultado de mí Yo existencial en relación con su espacio–tiempo. Es en esta analógica de mezclas externas e internas en las que podremos probablemente reunir evidencia concreta de la actualización del Yo proléptico en un espacio tiempo del nuestro futuro Yo existencial.
Notas: la materialización de una prenoción.
Nuestra conciencia se muda de planeta en planeta, acercándose al Sol, a la luz. Hacia su unidad para volver a empezar. Pero en marte hubo vida, y cada día crece esa idea, se impone. En el futuro junto al fósil marciano dirán estos ignorantes de hoy, ¿cómo no supimos esto antes?
Hay que echar un vistazo al pasado para observar el Big bang, hacia atrás… A la idea de inicio. Allí hallaremos la materia que nos da este prodigio astronómico. El símbolo del pasado fundacional es una prenoción que en este presente fue explosión, de ahí que, en la bitácora de los afluentes futuros surgirán otros inicios posibles. Otras explicaciones sobre lo mismo. Sobre el chispazo inaugural, que descubriendo al pasado y a este presente preconocido como idea impuesta de generación en generación, entre seres y seres. Razas y especies. En la cruda materia que se expande como una idea que toma una conciencia enorme y eterna.
Descubrir y crear son sinónimos, América y Cristóbal Colón. Cavilemos en sus motivaciones, pensemos en un psicólogo. La ciencia es una actualización física a posterioridad de un consciente contingente con ideas arraigadas que deben investigarse para darles entidad, materia. Para nacer. Residimos creadores de sentidos metafísicos, que necesariamente deben convertirse en “nuestra” realidad objetiva.
Una voluntad de poder que lo “demiurgo” en nosotros se termina imponiendo. Por eso hay realidades que triunfan y otras no. Aunque ambas partan de un mismo concepto o en sí y para sí del ser. Las voluntades se acumulan en bandos y la triunfante rebota ley y realidad científica social.
Con ciertas enfermedades de la mente, el hombre se revierte a su propio animal sin logos. No reconoce, vislumbra, no hay una contexto material e insensible taxativamente verdadero. Un cierto estado ideal, en el sentido de placer. Todo es nuevo, toda creencia suprimida. Vegeta cual perro que no inmortaliza a sus progenitores, desconoce fin y que su muerte vive. Presente eterno. Sin embargo, la prolepsis se da como un ahora; por una condensación del pasado, presente y futuro.
Porque un dios aprieta tantos siglos lo inevitable es que eso único indiscutible y absoluto desaparezca, la ciencia fatigosa de pleitesía le advierte al mundo que en verdad aquella realidad del Uno es ciertamente relativa. Y las conciencias ateas festejan el cachetazo que se sentirá arder en Notredame, cien años luego.
Un equipo que es utilizado para calcular un determinado objeto necesariamente requiere este objeto, que fue primero idea y habitó transformándose en un ente a ser medido. Clara tautología. Y aunque muchos podrán decir, claro que, dentro de un universo mental, lo material sería un subproducto residual; entiendo que no sea una verdad absoluta, mas una mera especulación milenaria. Sin embargo, no ha perdido vigencia y lejos está de desaparecer hasta vernos reemplazados por computadoras, obviamente.
Es decir que el aparato para medir, necesitado contra un objeto y no la idea, requiere de una idea concreta para descifrar lo que ya era de por sí idea. Por lo tanto, de sí mismo requiere que la ciencia sea la acción inversa al pensamiento, una búsqueda retroactiva de un concepto prepensado y no un conocimiento de esencias exóticas a la exacta prenoción. Es quizá, por esto que se entendiese por haber, personas escritas dentro del pasado y otras habitando el futuro. Decimos que aquellas que vegetan en pasado se consagran al estudio de prenociones concebidas, aprobadas certificadas y mentadas, y sin excusas…
Las que frecuentan el futuro son aquellas que, a partir de la imaginación creativa y no sólo conectiva, reforman ideas precocidas, versando otras nuevas que se cristalizan o materializan para prontamente imponer un objetivo: estudiarlas e intentar aprehender, en el futuro, aquello preconocido, pero, ahora, dentro del ámbito de la experiencia formal. Estos compositores de situación y “creadores” de nuestras futuras materialidades existentes– siendo meros usuarios lo sin imaginación–, que deben ser estudiadas por la ciencia, poseen la cualidad de ser receptores teóricos unos y los otros hacedores facticios, consolidadores de aquello resemantizado por los primeros y que futuramente será custodiado por los conservadores; Todos se han de necesitar mutuamente en esta colmena.
El pasado o pasajeros en trance apenas consiguen convertirse en conservadores de una esencia, una tradición, de un saber que ya está establecido y que no se debe de manipular porque, este quebrantamiento significaría un cisma dentro de la realidad existente. Es por esto, por lo que los conservadores se mantienen en el poder, a base de pasado y los creadores en la marginalidad, mientras los hacedores son bendecidos por el derrame de los primeros y los segundos. Son catalizadores de las otras dos categorías del ser que constituye en el siendo un hacer propio.
Ahora y de la cual, los que viven el futuro siendo imaginativos en el hoy, no podrían realmente crear nada que no saliera de mundo emanado por Tierra. Coexisten los seres custodios, los hábiles y los demiurgos; y existen, además, los seres presenciales o empíricos que responden a estos conceptos por participación. (Ellos que están dentro de unos 1000 por millón, entre otros, estos seres presenciales son manifestación. Las horas presenciales son estratos de presente en nuestra versión. 16 de monjes introspección. ) La realidad efectiva no es creada, se la consolida a futuro con la imaginación, la practica y luego se la conserva. Son paradigmas existenciales coexistentes y dinámicos y no necesariamente los únicos. La interpretación de la materia, así como un texto harto complejo, amerita un estudio aparte. Mismamente decimos que el pensamiento inconsciente de Tierra sería lo que provee el material que utilizamos dentro del pensamiento, los hongos florecerían aquello del consciente de Tierra que se niega a ser mundo. No queriendo ser pero condenado, produce viajes al consiente Tierra desde mundo. Revelando el plan maestro; por ello, los hongos, crean, producen y conservan en su negación. Ahora, ¿elaboramos nosotros estas drogas alucinógenas de manera sintética, pero con el mismo esquema de tres hombres?
Los tres hombres
Uno para dormir, otro para observar/pensar y el último para trabajar. Tres figuras retóricas que cumplen nuestras condiciones primordiales. Esperanza, deseo, realidad. Triadas que discontinúan el tiempo de devenires, que el hombre ha decidido darse por el hambre, el sueño y el placer. Una distribución cósmica pero organizada por la información recibida desde Marte, por ser este, el reflejo de nuestro pasado, que retorna espejado desde el planeta rojo.
Sería quizá un retorno al primigenio pacto, que regresando del futuro nos irradia el pasado. Generando memoria cíclica. Exponemos que, si Marte fuera nuestro antepasado de proyección o emisión, nosotros aquí, siendo aquella floración manifestada del pasado marciano, correspondería interpretarnos que, viéndonos compelidos a revivir la emanación marciana desde una memoria, que sería ¿qué?, sospecho que debido a este constante bombardeo nos regresamos a rememorar una y otra vez. Como un proyector que constantemente proyecta un infinito de fotogramas con las inmanencias de todas las vidas juntas. Una gran banda ancha cósmica y cosmológica. Y he aquí buen material para astrólogos que afirman las bondades de una Luna en Júpiter o Marte y Venus dentro de alguna cuadratura o casilla.
Los tres hombres no explican mucho y todo, desde el punto de vista social, Marx ya lo ha explicado. En cuanto al mundo inteligible a su vez externo e interno, termina consumiéndose en una abstracción unitaria llamada hombre. Es la interna trinidad del hombre la que ejecuta el concepto del Uno, nous y alma. El que manda, el que piensa y el que pone el cuerpo dejando el alma. No hay mas concesiones que remitirnos a siempre lo mismo, resignificado en las mil variantes. Comprendiendo que detrás hay una sola o monoidea. Esta es, la existencia en sí misma. Llame o otórguele las contingencias que sean, o las casuísticas que se le ocurra. Todo lo que sabemos es que a partir de nuestra conciencia de existir y lo demás es poesía o retórica boba de un niño inmaduro.
Veamos entonces, si a partir de los tres hombres que nos figuran a la manera de complexión anatómica de un singular material, vemos de que manera estos se construyeron a partir de la fascinación dada.
Origen de los tres hombres
Afirmación de las ideas de la Tierra en conceptos animales, hemos de ser la evolución de todas las especies, la versión repensada de los seres animales, del pasado que convive en nosotros y con nosotros. Hemos de ser los olímpicos que los hombres adoraban cuando algunos comenzaban a ser lo que somos y otros quedaban retrasados, sabiéndose pasado. Digamos que: “el hombre percibe cuando uno ha sido superado en una distinción
endógena”. No haciendo juicios de valor, observando la neutralidad de la materia, pero considerando la estrategia de un pensamiento rector definido por Tierra. Su auto destrucción de mundo es la directriz en la cual nos vemos como en facetas evolutivas dentro de un museo Darwinista. Es un dogma de lo debido y completo del espíritu de nuestra especie, lo llevamos imantado dentro cual magma en las entrañas.
Probablemente desde aquí sería el mito, hombre que ve a su par progresar sin explicación, y dentro de una igualdad. La evolución del homo sapiens por un neandertal no se da por comparar un presente sino un futuro. Es por ello por lo que en este presente nos hallamos en la igualdad, por no poder vernos en la distancia, en lo futuro. Los paradigmas no son abruptos plastrones que superponen, muy a la manera que propone Kuhn, los existenciales se comportan coexistiendo durante largos periodos. Entre estos periodos mas o menos violentos, es que el terror borra ese presente exacto de la simbiosis del que desaparece y el posterior o “vencedor”. Es por ello por lo que no hay memoria posible dentro de la especie, alguna que sea inteligible pero taxativa, necesitamos huesos. Siendo los huesos la mejor fuente de lo que fuimos conservados en radiación. En este sentido, la evolución se da por la conmoción interna de una fascinación de Tierra con Sol. Alejándose de padre, proyectándose Marte y su desolación.
Piojos en nuestro cabello, beben de nosotros y no por ellos tienen nuestra inteligencia, aunque a veces en verano son tan arteros que parecen entes extremadamente racionales. A lo que me refiero es que, por beber de Tierra seremos una parte de ella aunque no la comprendamos y no pensemos tener un lenguaje en común más que la destrucción amistosa de lo mismo
Y el porqué nuestro cutis toma colores, se adapta a la luz y a la sombra. Siendo el blanco cerdo crecidamente capaz reflejar los colores que el negro. ¿Cuál será el concepto detrás de esto? ¿porque nuestra adaptación a la luz y a su color nos convierte en reflejo de lo otro? Como espejos de la información de afuera. De la luz y el color de la forma delante, un reflejo de lo cercano y del sol, y emitiendo sombra como él. Y es porque somos reflectantes, que somos en parte de la naturaleza que nos rodea por el mero hecho de reflejarla. Nos camuflamos en la luz para escapar de las sombras y para ser vistos en la luz, para dominar en la luz. Para reflejar el mandato solar de destrucción.
Relación solar mecánica
Es de todo mundo sabido que la Tierra orbita al Sol de manera mecánica ante nuestra percepción de voluntad. Es decir que nuestra configuración de percepción a priori de lo mecánico podría bien estar dado por el movimiento planetario mismo como voluntad objetiva de simulacro, en pos de esconder un thelos diferente; o quizás, la mecanicidad de lo universal es una fantasmagoría de nuestra realidad objetiva dada por un mundo que a su vez es voluntad de simulacro de Tierra. Es en esta veladura de lo que se percibe como siempre igual, repetitivo, circular, donde tendremos que reconstruir nuestra relación con el pensante y no lo pensado. Un dialogo con Tierra desde y dentro-parte de un pensamiento mundo. Un caballo de Troya. Necesitamos una conexión con la cosa en sí, con lo que emite el logos más allá de la materia terrestre. Lo que ya hemos mencionado, con el ser de Tierra, que es lo que abarca la circunferencia de influencia a escala planetaria. La interrelación de lo mediato en la gravitación de astros cercanos. La composición de un yo desde la diferencia apreciada. La interrelación de elipses como quien necesita ser amado, pero sabe que se ha de quemar en el abrazo. Un planeta que posee integración dentro de un sistema o engranaje, un tantra (entretejido).
Sus capilares representados en vivientes serían los sentidos del planeta, por donde el puede conocer la luz y el calor del Sol. Es a través nuestro que el ser del ente conoce su entorno, sus necesidades y sus miserias. Y es porque mediumicamente por nuestros cuerpos que Tierra conoce, que crea mundo, que es sensación. Todo lo que nos rodea es sensación, impresión, estimulo y estimulación. Todo lo visibles y oíbles, táctiles de gusto y olfativos son las apariencias del auto conocimiento de Tierra, dicho de una manera Hegeliana. Y porque el mundo es sensación es que cada pensamiento se retroalimenta con cada estímulo, logrando de esta forma ser un eterno reflujo. A cada sensación le corresponde una función paralímbica de Tierra que provoca una nueva reacción. Ambos concretos van juntos como la fuente y el agua.
Una vez establecidos como capilares, lo orgánico y lo inorgánico, formaremos esta capa superficial de acción y reacción. Acción de recibir lo exógeno, la luz del Sol, neutrinos, radiaciones cósmicas, imagen de fondo de radiación, y endógeno, nuestra administración de dichos estímulos, y la acción fundante en mundo, modificándolo como reacción de Tierra. Como robots conectados a un software, siendo generadores de cambios a remoto. He aquí, la verdadera y objetivada voluntad dada por estos múltiples principios de razón. La inversión de prueba, donde lo objetivado carece de individuación fuera de la composición mundo, porque es cada capilar (cada nosotros) la superficie de una dermis que es puramente energética, como una amalgama que entrega y recibe cuantificaciones eléctricas, magnéticas que a su vez serán lo pensado, lo que se conserva hasta envejecer. Marte, por ejemplo, carece de esta capa vital de emanación y recepción donde en su síntesis nos hallamos, es por esto, que el viejo planeta se ha secado. Su propia vida es una extinción permanente, la Tierra se consume, envejece. La vida de su ser se establece y endurece como lo que es, voluntad (de Schopenhauer) de condensarse en un modo de ser. Cada uno de los planetas elige su forma, subsumidos aquellos en una voluntad que también los objetiva. El tema es encontrar, descifrar esta voluntad, ¿qué es?
Figuremos que somos un ente gigante con millones de ojos para observar a sus vecinos, al Sol, para conocer lo que nos rodea planetariamente. ¡seres sensibles, somos! Y frágiles. Aquellos parajes salvajes e intactos, poblados de ojos dormidos de animalitos, ahora las ciudades con ojos de cáncer, de lo enfermo, de lo quemado por radicación. La protección nuestra queda intramuros, proteger sus capilares de la potencia solar, fabricar viviendas frescas, cuevas, protección. Así nos resguardamos de las inclemencias, autodestruyendo lo sensible para protegernos. Tierra en su protección capilar se auto mutila, se yerma, se explota, se construye, contamina. Porque cada vez menos, lo antiguo pertenece a lo propio. Como retirar una capa de piel reseca en el verano, todo se renueva debajo. A mayor destrucción más inteligencia racional necesitada y adquirida. La construcción de nuestro mundo moderno como la resultante de la ciencia protectora y destructora. Células que destruyen para proteger. Y la Tierra envejece, se transforma en su mejor versión de lo que una vez fue.
Todo esto se sabe desde milenios atrás; que todo este ecosistema funciona como estructura externa, dermis de gigante. Necesitamos techos, construidos con elementos del interior de Tierra, para detener al Sol, como protección y renuncia a la vez. Ciudades cual microchip, que uno ve de desde la ventana del avión.
Y de esto se desprende que los adelantados, no lo son por discernir el futuro sino por entender el pasado. Así como ver de dónde hacia dónde lo es todo en un mapa, eso es la ruta de nuestro devenir. Podemos predecir, entendiendo los comportamientos pasados de Tierra con respecto a su circundante. Un día estará cubierta entera, bajo una capa metálica que orgullosos construiremos.
Odaliscas
El Brahman, la voluntad, Dios, dioses, sustancia, espíritu, arché y largo, etc. Seriamos el acontecimiento, la causa de otra cosa, eso que bien podría ser la muerte. Sólo viviendo seremos la causa de otra cosa, este tipo de pensamiento es un clásico en la filosofía.
Podríamos vernos como conservadores del tiempo, digamos, que al ser esta suerte de espejo que deja pasar luz de igual manera que refleja, parte penetra tierra y otra parte emitimos como es nuestra angustia, felicidad o conflictos. Es de vernos como la expresión de un rostro que refleja nuestras cuestiones humanas en proporciones territoriales, una manzana que se seca, un planeta que se extingue con los márgenes propios de la biología más común, hasta la autoconcepción de una vejez. Quizá nublada su vista –nubes del cielo– de este devenir de niñez, a la adultez, vejez y muerte.
Subsumidos en la lógica del mundo, los humanos nos contemplamos enajenados dentro de nuestro solipsismo de especie. Pero siempre en la mente alterna del hombre, alterna porque cree ser espíritu-carnal y casi siempre tan sólo una de ambas. Es como quien dice corriente alterna, corriente continua. Una sinusoide o una línea recta o muerta. Tanto espíritu como carne conducen a lo mismo; a la línea recta de un pulsómetro. Es especial el ahínco que la voluntad, la naturaleza, la propia imantad de la existencia nos conduce siempre a la mirada bifocal que observa la dualidad y la unívoca que conduce a la muerte abstrusa.
¿pero qué es Brahman? ¿qué es Sustancia? ¿qué es este principio que nos vuelve tan locos? ¿De qué trata la cosa detrás del velo de Maya? El demiurgo, ¿aquél que supera el último escollo? ¿el que verdaderamente domina todos los escalafones de existencia? El que, encumbrado sobre la pirámide más alta, observa debajo suyo a la telaraña de viejas conciencias, dimensiones inferiores, exprimidas hasta el cansancio por su poder más pesado, de masa hiperbólica. Como esos atletas rusos que diagraman figuras en sobre un escenario, trepándose uno por encima del otro, hasta que el último de ellos sonríe triunfal encumbrado a ese podio humano; el de abajo resiste la acrobacia con pesadez y pesadumbre por no ser él, el de la cúspide. Tratemos de identificar entonces, qué o quién podría ser aquel hombrecillo ruso que sonríe en calzas estrechas. Porque en el fondo desfondado de los humanistas se encuentra la máquina de los argumentos contemplativos de las leyes naturales, conocidas por nuestros sentidos ordinarios.
El último principio es el que finalmente no tenemos empírea, claro está. Por esto la especulación es lo que queda. Cómo saber de aquello jamás vimos, que no se encuentra dentro de nuestras posibilidades de relación. Buscamos a los cielos, a los adentros subatómico y todo parece tener la forma de dos embudos enfrentados, quedando los entes en el centro de ambos opuestos, vertiendo autoconciencia desde nuestra (posible) posición intermedia hacia ambas bocas de salida. Tal reloj de arena, vamos y venimos por la angostura del centro en busca de la dimensión expansiva de nuestros polos, incluyendo la filosófica social, que se da en la dimensión de la relación orgánica del conjunto.
Esta tablatura, cuadrícula de razón que suscribimos con puño y letra, nos demuestra que el misterio se resuelve por la no relación. Digamos, relación negativa con el conocimiento o memoria, el intelecto y la razón. La vacuidad, como declaran los budistas. Claro que el electroshock no sería un gran método y ya se ha probado. ¿Qué tipo de orden se busca en una mente? El de todos, digamos, una de panal, ¡pañal! Sí se me permite el chiste. Porque el orden casi matemático de la mente creería que viene dado desde el conformado de los movimientos planetarios, más precisamente por la consistencia y persistencia de la Tierra en su eterno movimiento. Hemos quedado como una prenda que ha estado dentro de un lavarropas funcionando que nos es innato y póstumo. Lo que conlleva, además, a un eterno reciclaje de ideas.
Jamás habría que aceptar un principio y nunca negarlo, sería un error que por no encontrarlo lo rechacemos. Es más probable que este tirabuzón tenga inicio a que no, pero qué tipo de inicio podría sorprendernos no gratamente. Es que cualquiera que sea lo que coloquemos delante de la pantalla se pondrá a discusión, no nos ha alcanzado con un dios, no nos merece nuestra propia ciencia; nada que, eventualmente, clame por la cúspide de la razón y creencia durará lo que el tiempo dictamine como evanescente e impróspero. Todas las caídas en hemisferios de conciencia van fundando estratos límbicos en la cognoscencia de Tierra. Quien tampoco intuye lo que verdaderamente es o de dónde ha salido, más allá de lo que le proporcionamos (nosotros) sus sentidos, en nuestro generan de reflexiones. Que no son las nuestras, más la de Tierra en su constructo de mundo involuntario. En su relación consigo misma y su entorno cósmico variable.
Un asteroide que ha liquidado toda una especie persigue luego, otra relación con la cachetada. Mundo conciencia, misiles interceptores, algún elemento útil para la preservación de la propia vida. Eventualmente un asteroide nos pondrá a prueba. Si el reemplazo de la sangre fría propio de los grandes reptiles del Triásico, que alimentaban su piel con el sol cálido, ejecutando la orden de un mundo joven y polluelo, por el del hombre de sangre caliente que necesita observar el cielo como vigía, guardián en un mundo necesariamente industrioso y a la defensiva. Ahí tenemos un posible thelos de la humanidad para los utilitaristas de siempre.
Pero la pregunta siempre continua, ¿y quien? Ya hemos mencionado al Monstruo de entre los monstruos sobre nuestro cielo y del interno dominando el zoológico subatómico.
El enigma que pongamos delante de nuestras narices será helpless. ¿la voluntad de quién? ¿de la naturaleza? Lo más a la mano es la Tierra, y deberíamos de conformarnos con esto. Sin embargo, hay más, pero para un futuro nuevo estudio, ajeno. Mientras debemos desmadejar esta cuestión tan extraña de indagar lo ausente como aquello urgentísimo. Y no es tampoco propósito del escrito fundar una frenología sobre la Tierra, desde aquella remota Pangea facial de los comienzos, a el mapa que hoy todos conocemos de los continentes. Los estados de conciencia se reflejan en azules, verdes y la distribución de tierra sobre el ancho globo. Cada rostro del planeta nos compele a una reflexión arqueológica de estados de personalidad. Inmanentes, residuales y característicos. Inmanentes somos las criaturas, también residuales y característicos, porque hemos de ser únicos dentro de este espacio tiempo, a modo de odaliscas esclavas de palacio.
Tan asimétricos como un cáncer
Las emociones heredadas ayudan a la leyenda del salto generacional. Queremos a nuestros padres, endiosamos a nuestros abuelos, quizás seamos los futuros elefantes que son pura memoria y viven pesados en ella, los hindúes. Los elefantes renunciaron a la razón y mudaronse a una raza superior de ellos mismos, diría un mamut.
Las cosas que nos miran, lo múltiple que con su mirada nos constituye en unidad, en el yo visto por lo múltiple externo. Siendo la conformación energética de lo elementos que nos componen a nosotros, la emanación de la subjetividad externa, que es interna de la tierra por ser todo aquello derivado de ella. Es esta constitución de subjetividad de las partículas que componen la materia, la emanación corporizando cuerpo en la creación de una condensación o unión constitutiva. El derivado de una energía asimétrica desde los estados particulares de la materia hacia la constitución del ente humano, siendo este el absorbedor de esa energía venida de la tierra y trasmutada por la conciencia de ser, de estar, de manifestación absorbente de la materia natural reconstituida en materia alquimizada, en subproductos artificiales que nos conducen a otro condicionamiento del habitad. Hacia la destrucción desde la interioridad por un subproducto, tal el cáncer, digamos a boca jarro, termodinámicamente.
Y en esta lógica de la mecánica cuántica y sus misterios sobre partículas que escapan en el tiempo y en forma. Esa búsqueda con ojos miopes del que se observa el ombligo por primera vez y sonríe por que advierte un agujero borroso en su estomago. Es interesante el universo científico, más no lo estudiado. Ante la mirada de un observador, al parecer, determinadas partículas elementales responden de distintos modos, dependiendo la condición del intento, el tiempo, el equipamiento, y otras cuestiones que superan las medidas ordinarias de estrambóticos experimentos. Digamos, que, ensayar con juguetes sólo responde mentes de niños. Es un hecho que los niños que son observados responden distinto con cada uno de los diversos observadores. El llorar o no, generalmente está dictaminado por el que se tiene en frente.
El verdadero experimentar se encontraría en un ensayo interno, que desprovisto de todo mecanismo construido bajo la conciencia de Tierra – digamos, no hay hasta ahora, experimento o instrumento que no sea fenoménico bajo la lógica mundo, provista por Tierra–, es, creo, capaz de revertir la construcción megalítica de una forma de especular innata a todas nuestras memorias anteriores. Por este efecto “carrusel”, digamos, que nuestro mitologemas, filosofemas y pseudociencias recogen el fruto de lo mismo, repetido, sospechado. Sin regresar a lo dicho anteriormente, toda nuestra ciencia actual debe su resemantización a lo dicho por nuestros antiguos, cercanos al “verdadero” “big bang”, nuestro origen humano (el que nos debe importar primero).
La ciencia del cómo, las respuestas lógicas observadas en el arte a forma de métrica, tempo. La emoción mutilada en la deconstrucción particular de segmentos, granos de sal, pequeñas virutas que describen apenas ciertas cuestiones sobre el andar de la existencia motriz. Si hemos de ser movidos por el motor emocional, como suponemos, la manera de discurrir el principio, medimos su consecuencia, calculamos probabilidades de repetición u anomalías. Podremos entender que la angustia nos paraliza, la podemos calcular en una métrica de habitaciones cerradas, en contemplaciones que se “asegundan”, en las relaciones que se quiebran y hasta podemos observar donde esos lazos se tensan de más. Todo lo medimos en pos de comprender la naturaleza de algo que es parte de lo garabateado, pero no necesariamente el camino, o Tao. La comprensión de la angustia es determinada por la situación de otro que observa, describe, administra, archiva.
El rostro paramétrico
Así como se ha banalizado un arte noble como la frenología, la alquimia, astrología, la quiromancia, la adivinación (y leen a Heráclito con pipa), etc. ; también nos encontramos con aquello que se considera razón oculta, textos esotéricos, sagrados, gnósticos.
El rostro de la tierra es el conjugado de todas sus coaliciones, amalgamientos conformativos, al igual que el humano, la consagración anatómica de la deglución de lo otro, animal, vegetal, y mineral. Pero no solo de pan vive el hombre, incluimos lo energético y metafísico. No pretendo ser tan articulado que me atormente y siquiera me entienda a mí mismo en el futuro, pero considero que es complejo intentar demostrar con el mero entendimiento, aquello que no es posible de fundamentar en lo empírico. Sin embargo, todo hombre desea por naturaleza saber y prefiere no hacerlo. Destinados al escupitajo ajeno que nos mantiene a raya.
La conmoción, que siempre es interna y hacia afuera, junto con la emoción dinámica a lo externo, acaban por desplegar un manto de forma que demuestran el momento Tierra que conforma mundo. Es por esto, digamos, que nuestra participación es inherentemente de bivalencia dentro de este esquema, inhaladores y exhaladores de la Forma del momento preciso de Tierra. Como los granos de acné. Irritación o mansedumbre, alegría o amargura, fuentes de aquello, que bajo la aparente terraforma, combinamos estos elementos dándole un sentido. Los manchones que simulan microchips de nuestras ciudades quemando lo verde, visto desde el espacio, serían nuestra conversión a lo que podríamos comparar con una mueca, un quiste, una enfermedad o si se es positivo: Una condición de iluminación o autoconocimiento para el espejo de lo que se presenta en el espacio exterior. Una relación mistérica entre la expresión de la materia Tierra, agenciada en mundo y desde mundo, para aquello que es otro como el Sol, digamos. Es allí en esta representación material, o piel chinita como expresan los mexicanos a la piel de gallina o pollo, que nos manifestamos como la evidencia material de una afección y su derivada inconciencia de ser mundo.
El espejo más grande que posee Tierra proviene del Sol, como ya hemos demostrado, y es en él donde el estrepitoso destruir lo que germina verde obliga a la humanidad a colocar el material interno mineral, sobre nuestras cabezas en los techos con hormigón. Un planeta que se auto eviscera es una fruta que se pudre o una nuez que se abre y deja entrar lo bichos dentro. La plenitud de su finalidad llegando, ser parte de la normalidad sin vida, del sistema solar. De un bienestar diferente.
Escavamos con manos propias y ajenas los pozos que se convierten en canteras. Destruimos los valles y entubamos la sangre con la adicción que tienen las hormigas para con su mandato genético laboral. Hacemos lo que hay que hacer, es por esto por lo que somos lo que hacemos para con nosotros mismos, en beneplácito o eyectados a mundo. Sobre este superficie o Sustancia emergemos como parte de lo mismo. De modo estéril, yermos de nuestra ousia que es ajena. La Tierra y la naturaleza (donde nos hallamos) fulminan, ambas, en una construcción polar de un estamento temporal. Mismo, nuestro rostro parte de una moneda que nos engloba, enmarca, da sustancia, nos identifica y materializa en un aparente ornamento, función de una ideología que ilustra sus próceres de conveniencia.
Finalicemos estas ideas adjuntando nuestra propia experiencia al asunto y describámonos sin la Tierra. ¿qué seríamos, entonces? corpúsculos en el espacio, esporas de una trascendencia, imantación cósmica, ¿partículas de lo que la Tierra es y fue?
La mentira sorpresa
Distinción por razas, premios y castigos de ensamble. A nadie tiene piedad la ambrosía divina que alimenta nuestros oídos con palabras de miseria. Murmurar occidente, “verbear” lo contrario, sur y norte. Sugerir, preguntar sugiriendo. La sugerencia expresa un implante, un imposición amable, altruista, desinteresada, sincera de verosimilitud empática y caritativa. La pregunta es unirse en la cuestión, religar.
El objetivo del hombre es poseer y dar. Más capitalista imposible. El que posee y no da, es una célula marchita. Una célula gorda, monada que será pinchada a la fuerza. O flaca y escuálida que no puede dar nada a nadie y muere. Esta venerable mezcla de toda especie, la condensación de la idea animal. El balance fenomenológico.
Interioridad como dimensión. Interioridad del círculo de la tierra alrededor del sol. ¿se verá el propio Sol, dentro de nuestra internalidad? Por reflejo, relativo a existencia de relación entre partes. Así cual mamuschka que afecta a la externa. Universo dentro de universo, fundidos en mecánicas contrapuestas. ¿generando energía por frotación?
Como ya hemos hablado: el día, la noche, el Sol y la luna, el calor, el frío, todas condiciones que ejercen en el hombre su ser (el lenguaje nos obliga a separar, ya que ser y ejercer serían sinónimos). Una manera de ser ejercidos desde lo Uno múltiple – La Tierra y sus infinitas condiciones/proposiciones–, en esto, quizá, es el origen del concepto de dos (fenómeno – sujeto), y el concepto de uno en el Uno. Aquello que se desconoce qué es, establece una tercera opción, la misteriosa Trinidad. Lo incomprobable por esencia. La ley de tercero excluso es el origen del espíritu, de lo que fuera queda de la relación entre sujeto y objeto. Lo que hoy en día transitó a ser, las relaciones, “la mente”, las energías, el lenguaje, antes lo fue el alma y con anterioridad, probablemente la nada, the void. Dejamos, ¿dónde sería la Trinidad? Estas cuestiones son dadas por las posibilitantes cognoscitivas que nos provee Tierra a través de su ejercicio físico, de su esencia y desuso. Magnificar y abandonar, hacer desaparecer lo evidente en lo físico por ocultamiento. Como la Tierra oculta al Sol de nuestra mirada, además nos desdibuja su constructo mundo sin enterarnos siquiera. Es decir, no siempre existe, bajo la mirada del objeto manifiesto (naturaleza) desde otro (Tierra), la capacidad de ver lo que este otro no desea revelar. No sólo porque, lógicamente la parte jamás podrá ver el todo, sino por una cuestión de puro deseo. De ocultamiento, de vergüenza, de terror.
Mediante el pavor de lo no aceptado, de lo que oculte será mi objetivación. Y debido que, supongamos, seriamos la objetivación de la voluntad terrestre, es en nosotros donde recaerían todas aquellas virtudes y desvirtudes que el progenitor, a través de su voluntad objetiviza. Y si la objetivación fuera mi propia ambivalencia depositada visiblemente en otro (Naturaleza), inferior a mí (en masa al menos); no es de espantarse por anteponer un velo de Maya delante del propio y espeluznante espejo. Díganme idealista, mecanicista, romántico, pero ¿quién y cómo se ha de explicar todo lo precognizado por tantísimos filósofos que han muerto con sus percepciones alteradas de un “Kant-materialismo” incongruente? Resultando, finalmente, este animal natural y bueno por naturaleza en daemon del Leviatán. Nuestras bendiciones que caen en forma de maná, de razón, de Yahveh. Un pueblo que gana la razón durante ese derrotero cruel, cuarenta años de incertidumbre absoluta. La iluminación, verdadera ilustración, sucedió allí durante el tiempo diegético de esta alegoría bíblica. El inicio de una dimensión o esencia. Y la notoriedad se ha de haber dado por boca de aquellos que no poseían ley alguna aún. Con un decálogo merecido, arribó el premio a tanta incertidumbre acumulada, y si bien la cosa no cuajo de entrada con los adoradores del becerro, hubo un momento en que se quebraron (o fenecieron). Y con este llamado a la razón se adquirió la trilogía: antigüedad, medioevo y modernidad. Todo ello bajo el embrujo de lo que no se quiere revelar, lo cubierto, el ¡no te metás! Mientras continuamos escarbando la piel del planeta en busca de petróleo vamos barriendo aquello que el planeta no logra resolver. Cebo, putrefacción, pasado, petróleo. De la remoción y limpieza del gran pez, hétenos aquí las rémoras.
Detrás de las mercedes habrá molestias y viceversa, ambas se encuentran separadas por la hendija del conocido Yo. Sin embargo, en, entre las rémoras sucede que el tiburón es el “Yo” de la ecuación. La rémora existe, subsumida en esta igualdad no cósica. Es así como el bastión final prosigue, dictaminado por la auto-cognición emocional de Gaia. Y el mundo obtuvo, con Moisés, el gobierno racional religioso. El cuál fue cambiado por el económico al acabarse las tierras que repartir, y ahora, el virtual por asfixia entre los entes.
Esta representación de la voluntad inconsciente de Gaia, el noúmeno esconde la vergüenza, el oprobio y la cosificación, será la constitución de nuestros medios cognoscitivos dentro de la gran apariencia. He allí nuestro servicio, la comprensión de lo doloroso, de lo subalterno que se despliega como la realidad esquemática de una emoción oculta, de un destierro de lo propio en la magnificación de lo que se suspira, muestra. La pregunta sería la siguiente: ¿qué pretende Gaia al desplegarse de dicha manera? Siendo este despliegue la consumación de una necesidad inconsciente, en el cual nos hallamos circunscritos eidéticamente, sustancialmente. ¿Cómo se puede destruir un sueño siendo parte? Estallando el planeta, como hemos dicho, sólo nos traería el fin del sueño ajeno, de Gaia. ¿también el nuestro? ¿en que tipo de agujero negro caeríamos con el autosuicidio planetario-termonuclear? ¿es excluyente nuestra propia existencia solamente en ella? ¿Qué tipo de hombres sin nuestro pan de cada día o sustento gnoseológico, seríamos? ¿qué suerte de pasado “inseminatorio” floraremos por el universo?
Este muro apodíctico de verdad manifiesta que Gaia (por consecuencia nosotros, claro está), vendría a funcionar como el de Berlín. De un lado está lo visible, del otro, lo oculto y vergonzoso. Hasta aquí lo dicho, se ha descorrido el velo.
Los hijos de la farmacéutica.
Vigilando desde el mañana:
La observancia de los futuros que admirados interpretan lo mórbido, esos que fuimos, aquellos que diseccionaban con bisturí por el propósito de examinarnse y eviscerarse. Invenciones, drogas, pócimas para combatir cada una de las diversas afecciones, esos mismos, que además amasaban los cuerpos con extraños productos manufactureros compuestos por la síntesis combinada de elementos químicos de origen natural. Atrasados, y se les reían a los llamados doctos.
“Descomprendiendo” –los humanos pasados–, que el verdadero noúmeno manifestándose en el instante, no debiera ser más que la disposición momentánea de la presencia de ser afectivo, o la división de los espacios constructivos manifestándose en carne. La disposiciones de todas las acciones materiales y sus coordinadas constructivas de existencia, estarían dadas desde la afección interna de Tierra. Dicho, nuevamente esto, se comprende, futuramente, que lo hecho responde a la autoconciencia de dicha afección. La respuesta en los humanos de la es categóricamente y siempre apropiada en el instante adoctrinado, el esfuerzo de acción y reacción. La voz morigerante de la conciencia, desde la columna de la cual fuimos ensamblados. La Tierra parturienta imantada con luna, la respuesta a la costilla de Adán, excentricidades de aquellos relatos cósmicos rejuntados por esenios. Nada alejado de la antigüedad podremos contra argumentar, cambiamos nombres y fractales. La simetría es perfecta en todo, como intuían los pitagóricos.
Vivencia o "naciencia" se desprendería de lo que admitimos como alma, es en esta disposición epidérmica, sobre lo que la manifiesta, que Gaia descubre dolencias. Cuerpos atormentados cuando apretando el alma hacía afuera, escupen lo incontenible, eso que los desposee. Arrumbados sobre una herencia hermética que ya nos habían respondido estas preguntas del hoy, con la sabiduría del que vio todo y lo contó a otros pocos. El que se asomo fuera de la caja antes que la cierren. Aquellos ya dijeron la verdad, Gaia apenas es la jaula pequeña dentro del gran engranaje; pero todo quedó perdido en esta suerte de teléfono descompuesto –nuestra propia falencia de ser una parte que se renueva constantemente, pudiendo comprender el todo de mundo más nada de Tierra, que es quien esconde la primera evidencia–, y nos llega el mensaje erróneo a pesar del eco, de los textos. Porque el texto mundo se correspondería con la afluencia de los caracteres sensibles, y Tierra en aquello que lo produce desde una propia celda. Pretender eudaimonia adentro de este complejo sistema de prisiones cósmicas, no facilita la templanza, preferible olvidar. Aquello que es insuperado, infranqueable, indiscernible e inexplicable, merece debatirse en el hacer y agachar la cabeza.
La imaginaria fantasmática de esta representación sí es personal y definida, dentro de un universal. Hay que tener en cuenta que Kant toma al objeto como un equivalente al estado: a un estado (modo estar) especifico del sujeto. Kant, en La critica del gusto, va intercalando metódicamente el término objeto por el de estado a lo largo del texto (pudiendo intercambiarse entre sí, y el sentido de la oración funciona exactamente igual); hábil fabulador. Convirtiendo al objeto en un estado de interés, mercantil si se quiere; uniendo un sustantivo –objeto– con un sentimiento en estado de pena o placer (pudiendo este sentimiento variar de estado en el sujeto, si se lo convence en lo universal de lo dicho sobre el mismo objeto ya sentido). Creando un deseo, que él dice no tiene interés en lo lógico (porque no tiene concepto; por esto, Kant hábilmente lo crea aquí en su crítica. Inventa el concepto de lo bello (que según él no tendría o no debería de tenerlo), creando con la razón lo que la imaginación no podría ni debería, según él, también, por ser agradable, pero sí en lo bueno por tener valor, concepto – monetizable –. Época de burgueses triunfantes, ¡acá se aceptan todos los bienes de cambio! Gran aplaudidor de la revolución francesa, Kant. Este gran filósofo establece que lo subjetivo, (pasible de ser discutido, dice) es subjetivo en aspecto de lo objetivo común o universal. Realizando una analogía, que se me ocurre al leer el texto: Sería como una gran fosa repleta artefactos, donde lo subjetivo del gusto se da ahí dentro de ese universal que es la fosa llena y que contiene todo lo aceptado universalmente para venderse. Y todos estamos de acuerdo que lo que hay aquí (en la fosa de la vida) es vendible más allá del gusto particular que nos provoque el estado de pena un objeto penoso; Por eso, siempre nos podemos convencer que lo bueno supera lo agradable, siendo lo bello una contingencia del objeto en el estado del sujeto – que por ser estado (de ánimo) es objeto y viceversa –, en su relación sin concepto. Ahora, bien recordemos, que la relación máxima sería lo bueno, obviamente universal, ¿quién no quiere dinero por un objeto? Qué, a su vez, sería capaz de cambiar el estado de ánimo al sujeto no del todo convencido de que aquello es bello realmente. Consensuemos, categoricemos qué es que cosa y en qué estante va para que todos la ubiquemos, ¿diría, marchand Kant? Lo bello no tiene concepto y lo bueno sí. La naturaleza bella no tiene concepto, hay que saber administrarla (agrega, en un párrafo por allí).
En suma, para Kant los juicios del gusto son los juicios estéticos; los que aparecen en nuestra vida cotidiana. Cada individuo particular puede tener su propio gusto. Para él, el gusto no está regido por leyes objetivas por ende es subjetivo; no obstante es también universal porque el juicio del gusto es un modo de representación en relación a todos y, es en esa relación de concordancias en nuestras facultades, donde se encuentra la inmanencia de lo universal objetivo. Todos iríamos por la misma autopista, así se detenga uno en Mc Donalds o en YPF serviclub, es la que hay, es lo que somos, son nuestras opciones de satisfacción que son universales. Por todo este tipo de cuestiones filosofías, hermenéuticas, científicas, políticas, y largo etc. , que la línea con el saber originario se ha roto y nos encontramos en la negrura.



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