ITERACIONES DE AIRE SOPLAN VIENTOS


 

Viento del sur pacífico y luego del norte atlántico. Viento todo lo es. Yo (sí soy), un lienzo sucio batido por the many winds in my head.

Al viento insondable se lo entiende bien con el tiempo. Cuando es nada.

Corremos como sus partes, prometemos jugar junto a él. Sí, nuestras fantasías son atrapadas en partículas minúsculas; son el viento sonajero de este mundo, la ilusión y el lenguaje primordial. Pneuma (πνεῦμα).

Un viento oblicuo, otro, mudo por los sordos; a veces solo, o perplejo; distintos flecos entran por mi ventana.

Al tiempo del viento, cuando muta en reverso del mundo se nos da por temerle más. Al tornado, clandestino del mundo, suya la desgracia; su forma es la destrucción.

¡A Hipótada, padre de Eolo, oigo! Sonidos, sus huevos naciendo; pulsaciones, asuntos, una enorme ebullición; ¡ser visto allá afuera! Finalmente nacer.

Corazón del momento, uno y dos y más. El viento acaricia ningún prado; los dignifica con rumores sobre nosotros, entre deliberar y la repetición, repetimos. Inventemos cualquier theosis. Exhortemos al gran valor.

Convocados al cenáculo, pues allí mora su tiempo.

Su fuego ruge sonido, indestructible multiplicación de los átomos. Rebotan entre barreras, se frecuencian por iteración; así se construyen las horribles formas, así los brutos los conceptos; devienen, de pronto, en nuestras nuevas cosas. El notable desgaste del pedernal. La idolatría de la novedad.

Fluido. Su conciencia adornó el mundo, estético como ningún pleroma. Abundante y eterno, invisible... Vita, Primum Movens Immobile, ratio.

Desde aquella gran aurora en que trabajamos para él, anidando adentro. Con su ausencia se nos terminan las ideas. Tampoco navegamos; no respiramos la falta de la libertad.

Lo sublunar mineral y rocoso agrega la información: el viento viene de la caverna. Es su luz. Invita y concurrimos amándonos en adorar.

El viento calmó los nervios. No demanda ser escuchado: cachetea o acaricia. El tiempo, sin embargo, nunca quiere hablar y menos tocarnos; él no pela gatos... caemos en su centro.

La voz de la salvación esparcida por el viento suena a trompetas de aurora; un verdadero dios, voz de lo único.

El dictamen es contundente. A nuestra Majestad le aquejan: la iteración doctrinal, la necesidad, la reproducción, el acompañamiento, la asociación, la aceptación, la plurivalencia, la equidad, el propósito, la recurrencia en la salvedad...

Yo, la desiderata de vuestra presencia. Otra horrible forma de tus criaturas.

El silencio obligatorio para evitar oírlo escapa hacia alguna gran ciudad. Los murallones de nuestros castillos nos tornaron inmunes e inconscientes.

Extraviamos el designio y en los sótanos del mundo urbanizamos éticas, amarramos gordos racimos de morales a postes de aluminio. Con estos pilotes sostenemos los ranchos. Pagamos las expensas.

La Persistencia, la Doctrina y la Necesidad, conceptos bien sencillos; los fabricó e iteró en su tradición el bruto de Locke y otros tantos más.

Reproducción, acompañamiento, asociación, aceptación, plurivalencia, equidad, están incluidas dentro del propósito, ¡cuya misiva extravió el designio!

En los bajos fondos, dicen: En la noche, por el Pireo, un tal Sócrates discute sobre política ”.

Recurrencia en salvedad, desideratas de vuestra presencia; ya incurrimos en la religión y en temibles filosofías.

Suspiran todos los vientos que forman viento; nuestras repetidas pachotadas oídas tras gruesas murallas.

En el fondo del tiempo, a él nada le interesa. Sabe que podrá rescatarnos antes del fin.

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