UN DIOS SOLO
Cuando descubrí estos jeroglíficos escarbados en la negra piedra, supe que había
tropezado con un hallazgo capital para la ciencia moderna de mi país. Sin embargo, no
me importó aquel potencial reconocimiento de lo posterior... La academia jamás mostró
interés por mis excavaciones, y mucho menos por los estudios espeleológicos que solían
hacerse en los inhóspitos territorios de la Patagonia. El decano me advirtió antes de la
partida: “Los indios del sur, en Europa, no interesan”. Como dádiva final, me entregó un
libro recién traducido de Claude Lévi-Strauss, que hoy, en esta noche hostil, arde en la
hoguera improvisada que me protege de la muerte.
En definitiva, siempre he tenido que manejarme solo y con mi dinero para
cualquier tipo de expedición. Ahora, este periplo triste de antropólogo sudamericano
concluirá de forma trágica. Jamás perdonaré a mi curiosidad, y maldigo el día en que nos
adentramos en esta abominación.
Lo que vi, lo que oí... lo que experimenté alucinado por las ondas psíquicas de aquel
abominable dios, es demasiado pavoroso como para resumir en palabras sencillas. No
obstante, trazaré algunos apurados apuntes en esta libreta, acaso como un último acto de
cordura. Que otros, si se atreven, descifren en ellos mi condena.
EL HALLAZGO
La Cueva de las Palabras, en lo profundo del cañón del río Pinturas, al noroeste de la provincia de Santa Cruz, es el sitio donde mi destino sellaría este funesto pacto entre el triunfo de la ciencia – la mía; la he pagado yo de mi bolsillo – y este fatal destino.
Las inscripciones rasgueadas en la piedra se movieron, en el mismo instante en que terminé de leerlas. Se oyó un sonido ronco... como si la roca misma exhalara su padecimiento. Otra enigmática frase apareció ante mis ojos:
"The voice you cried is just another mouth to feed within the madness of an intrigued monkey." ("La voz que gritaste es solo otra boca que alimentar dentro de la locura de un mono intrigado.")
Hubo polvo en el aire y tosí dos o tres veces. La piedra tallada, ¡esa piedra viva nos hablaba en impecable inglés! 1
La naturaleza, de pronto, en toda su impenetrable longevidad me revelaba su modo más franco de comunicación. Pero ¿qué otra cosa era el lenguaje, sino la piedra misma que lo contenía? ¿No es el verbo un signo esculpido en el aire de la acción, como la escritura lo es en la materia del papel? Si la tragedia humana emana de una única fuente, ¿podía ser esta roca el alfabeto primero, el logos mismo?
Boquiabierto, pasmado por la alucinación, me dejé caer al suelo y admiré aquello bufo. No era miedo lo que sentía, ni siquiera asombro. Era algo más antiguo, más fundamental. Porque la manifestación material del lenguaje sobre el propio cuerpo de la roca, esas talladuras autoinfligidas de la propia piedra... ¿por la propia Tierra?, no tenían más explicación que la locura o la divagación. Allí estaba, ante nosotros, la más improbable de las revelaciones: un lenguaje que no exigía labios, ni manos, ni pluma. Un lenguaje que no se arrojaba hacia afuera, sino que permanecía en sí mismo, autosuficiente y eterno. La piedra no hablaba; la piedra era su propio verbo.
Si el extender los dedos o el modular los labios forman nuestra comunicación, que a su vez funda nuestro lenguaje... ¿Cómo era posible que la roca misma se me manifestase sin expeler, estirar, modular hacia fuera ninguno de sus miembros? Mi precipitada conclusión, si bien temeraria, era inevitable: ella misma era todos sus miembros.
Fue entonces cuando la idea se volvió inevitable, como un relámpago dentro de la mente: la caverna se comunicaba con nosotros en inglés, sí, pero su verdadero lenguaje era otro, uno anterior a cualquier idioma domesticado por el hombre. Un lenguaje primordial, intraducible, propio de la naturaleza en su estado más puro.
La primera reacción a este pensamiento fue el pánico. La segunda, el horror.
Gómez y Barbone balbucearon; no comprendíamos lo que veíamos. No estábamos preparados para lo que el mundo nos revelaba en su intimidad de cuerpo multifacético, supradimensional. Por lo demás, el único que pudo descifrar las frases en la pared de roca fui yo, mis compañeros apenas se hallaban alfabetizados.
Barbone iluminó con la linterna el resto de la cueva. En ese instante, la frase desapareció, devorada por la roca negra; como si la piedra se tragara sus propias palabras; como si dudara; como si se arrepintiera de haber hablado.
Razoné, con lucidez apagada y propia de la desesperación, lo que ahora consigno en estas páginas, acaso mi último testimonio en esta tierra. Me convertiré, lo sé, en mártir de una ciencia que he financiado con mi propio dinero.
LA DINAMITA
La dinamita, para luego volar la entrada, por precaución, la habíamos dejado fuera, en una caja dentro del camión, a cien metros de la cueva. Cuando la piedra, o lo que fuese, nos habló, el primer impulso de mis compañeros fue el más inmediato: volarlo todo, clausurar la monstruosidad, borrar el fenómeno.
Comprendí, sin embargo, que destruir la caverna no nos liberaría de su quimera. Entendí que el milagro ya nos había engullido y que la fascinación por lo imposible es la antesala de la condena. Hay acontecimientos que superan las diatribas de la ciencia y renacen en otros tipos de asombro: lo horrible, lo insano... Este hechizo por lo increíble es solo el apéndice de nuestras penurias, un pie dentro del féretro.
La razón, que en otras circunstancias hubiera ordenado la demolición, titubeó. Barbone, entre dientes, dijo algo que no escuché. Me extravié en la perplejidad de los interrogantes fundamentales. Porque el por qué – y el cómo – solo tiene sentido cuando uno ya ha cruzado el umbral. La pregunta esencial era otra: ¿para qué?
Insisto, el por qué y el cómo siempre deben venir después de haber sido digerido en la barriga del león. La caverna me hablaba. ¿Qué sentido tenía responder con pólvora y fuego? Era absurdo, y porque era absurdo, debí haber arrojado la dinamita con el camión y todo. Escapar del león hambriento... No lo hice.
Venció, como tantas veces en la historia de los hombres audaces, la curiosidad del científico. Mi hallazgo era colosal, sin dudas. Las expediciones, al fin, daban frutos. Y debía, además, saldar todas mis deudas: los billetes de avión, el combustible de los camiones, el equipo técnico, los sueldos, la comida, mi nuevo cuchillo de monte, las medicinas, esta libreta, ¡la maldita dinamita!
PRIMEROS ELEMENTOS
Descripción y análisis de los datos obtenidos en el trabajo de campo.
DESCRIPCIÓN:
1.–La formación geológica de la cueva y del cañón en el que se encuentra se debe a procesos erosivos que datan de millones de años.
En términos geológicos, la región pertenece al Grupo Deseado, compuesto principalmente por rocas volcánicas del período Jurásico. La erosión del río Pinturas, a lo largo de miles de años, dio forma al cañón donde se encuentra la cueva. Sin embargo, la estructura geológica del interior, la caverna, pertenece a una era más lejana aún; del tiempo cuando la tierra aún se retorcía en sus primeras convulsiones. El exterior es posterior geológicamente, es como si la caverna hubiese querido cubrirse, ser olvidada.
2.– Las paredes, desgastadas por eones de erosión, no deberían contener signos de intervención humana. Pero las inscripciones están allí.
No sé cuántas horas han pasado desde mi último registro. El frío es un ente viviente en esta caverna, y la tenue llama de mi linterna apenas roza la negrura que me rodea.
ANÁLISIS PRELIMINAR
1.– Las inscripciones en la piedra no se tratan de simples petroglifos.
CONCLUSIÓN
¿El hombre existe necesariamente mediatizado por una acción que lo propaga? Hablar, escribir, mirar, señalar, interpretar música, filmar... En suma, ¿el hombre emana hacia afuera lo que bulle de su interior, depositándolo en un soporte distinto de sí mismo? No siempre.
El aire es el cuerpo del sonido, la tinta el del manuscrito, el celuloide el de la imagen; las morisquetas, en una partida de truco, deben ser vistas por otro para existir. Esse est percipi, argumentó el afiebrado de Berkeley. Pero ¿no es el rostro del avezado jugador el que manifiesta tener el dos de oro con un beso?
Algunos, con temeraria ligereza, han sostenido la posibilidad de una comunicación sin vehículo material, una transmisión de pensamiento puro. Pero estas afirmaciones no resisten el rigor de la ciencia: no son más que mitologías de espíritus fatigados. Yo descreo de toda comunicación que no se sirva de una tecnología de transmisión, ya sea física o electromagnética.
Si este es mi último hallazgo, que sirva al menos de testimonio: hemos despertado algo que nunca debió ser perturbado.
NUEVAS EVIDENCIAS MITOGRÁFICAS
Poco recuerdo de lo que se dijo o se hizo después de que descarté volarlo todo. Sí recuerdo, en cambio, la historia que nos fue referida por la piedra misma. Lo que sigue no es un testimonio ordenado, ni puede serlo. Son fragmentos de una revelación demasiado vasta, demasiado absurda para ser contenida en una estructura lógica. La lengua que me ha sido entregada no es del todo humana; hasta el inglés (idioma universal de nuestra era científica) mutó en una variedad incomprensible; un desdoblamiento del latín, previo a la pronuntiatio restituta, pervive en la sonoridad de un dialecto indígena, de contornos inciertos, pero emparentado con la musicalidad del mapudungun; no obstante, lo comprendo todo.
CLASIFICACIÓN DE LOS MITOGRAMAS TRANSCRIPTOS
Inscripción epigráfica (IE-01)
Los antiguos caciques venían con frecuencia para escuchar la aurora. Los hombres carecían de escritura. (Antiqui caciques saepius veniebant ad auroram audiendam. Pünüy ngen mapu, kañün chi rüpü.)
Inscripción epigráfica (IE-02)
La montaña dijo: el hombre mañana tendrá herejes. Los perros jugarán a ser leones. "Mons dixün: homo cras haereticos willün. Wüfün zugün leüfü playün."
Inscripción epigráfica (IE-03)
Los cantos dictaminosos, con el tiempo, refinándose fueron. Las mentes de los niños que oían. "Cantos dictaminosi, con el tiempo, refineñan. Ñamün pu peñi, küme wüñelfü."
Inscripción epigráfica (IE-04)
De sus bocas (conjeturo que de los niños que oían) imprudentes emergió la historia de la longevidad. "De oris imprudentes, pu küme ñamün rüpü felen."
Inscripción epigráfica (IE-05)
Hombres dejaron de venir. "Hombres ñamün ñelün."
Inscripción epigráfica (IE-06)
Sola, enojada. "Nadie püleñ."
Inscripción epigráfica (IE-07)
Un dios profesé y hombres regresaron esperanzados. También perros, que soñaban con ser sabios y no solo valientes. "Un deus profetizavi et homines redierunt sperantes. Weñüfün wüfün, ñamün rüpü kañün ñi ñomüll."
Inscripción epigráfica (IE-08)
Las membranas del mundo, idólatras, telúricas, ebrias, me derrumbaron. Ningún hombre, niño, mujer o perro logró escapar con vida. “Membranae mundi, idolatrae, telluricae, pütra, me kollkülen. Kein homines, pu pichikeche, domo anai wüfün, kümelen trokiñ.”
Inscripción epigráfica (IE-09)
Dios solo y enojado. 2 Sin tener con quién hablar. Volvió malo. “Deus solo et püleñ. Ñamün rüpü ñi ñelün. Füta Malo.”
Inscripción epigráfica (IE-10)
Humano escapar "Hominis ñamün”. Barbone insistió en que él leyó otra cosa: “Fuge, che!", que significaría ¡Huye, humano!".
Convencido de que la roca aún susurraba la historia de los antiguos aborígenes, ignoré los desesperados gritos de Barbone instándonos a huir, desestimándolos como el miedo irracional de un analfabeto.
DEUX EX MACHINA (el dios [que baja] de la máquina)
Entre la oscuridad lo distingo, está parado sobre los huesos de los primeros caciques; son incontables los restos de mujeres, de niños y perros.
Sus ojos son de color púrpura; su boca, diez fauces; sus pies parecen de goma, sus uñas de caramelo; del pecho surgen hombros salidos y manos pequeñas acogotan un cuello desprendido de su cabeza.
Su silueta se inclina a mi derecha, pero su sombra se proyecta a mi izquierda; una bruma de escamas, plumas; distingo quistes, un torso nodular. Se desplaza hacia mí cual bulto serpenteando entre huesos. Rizomático, parece las raíces de una papa fermentada.3
El cadáver de Barbone está destrozado y Gómez, luego de arrancarse los genitales, se degolló con mi cuchillo de monte.
Las babas del silencio, de su horrendo silencio, enmudecieron a la roca. Vibraron los altos coros de sus ángeles, que era el viento atrapado allí por centurias; se elevaron cánticos de los suelos y los mundos pasados chocaron; como codos peleando en batalla, las fauces de la cueva apretaron fuerte sus dientes hechos de estalagmitas y estalactitas. La cueva cerró para siempre mi salida; enmudeció el alma de la creación, no pude sentir ya más mi ser flotar.
Patiné en su baba, en la excrecencia de su voluntad; un líquido amarillo bebí de sus manos; una sabiduría providencial me tocó la frente.
Pude entenderlo todo, encandilado en sus purpúreos ojos de hierro; obnubilado por sus gemas y sus rubíes que simulaban ser dientes. Comprendí su enojo.
Atiné a cantar, y adoré; envuelto en un estado de fervor instantáneo. Brotó de mí un encomio destinado a permanecer inescrutable para todos, salvo para mí:
Glorificado el consumado a estar sujeto... siglos de oscuridad, preso; aquí dentro, vos, la historia de un magnetismo solar coloreado en la frente... el único y primero.
Por las órbitas de los planetas que nos confunden y forman el proceso del
perderse en el vasto y funesto cosmos... Por tu soledad infortunada, por el precio de mis desmenuces, por vos exclamo el consecuente voto.
¡Creeré en vos, como lo harás conmigo, porque yo te he adorado primero!
Inmediatamente, coexistimos en atracción; compelidos por aprender, consensuamos como iguales. El enojo del dios solo, en ese instante, acabó.
DEUS SOLUS
Aquel angustiado dios me lo explicó todo. Aquello que mi razón quizá no comprendía del todo. Empero, la ciencia era mía y solo mía. La academia con su pequeñez jamás me perteneció... alcancé el hallazgo grande, lo que realmente yo merecía.
Una fracción de la bóveda de la caverna se desprendió con estruendoso mal humor. Una lluvia de escombros selló con mayor fuerza la entrada que también era mi salida; permanecí encerrado en la oscuridad del por siempre.
EXCOGITO FINAL
Bajo un cielo de estalagmitas, he resistido soñando; en lo abismal la luz olvida la humanidad, abandona a uno el espíritu que huye hacia la vida pasada.
El dios me ha atormentado todos estos largos años. Perdí ya la cuenta. Bebí todo de su néctar; asocié las infinitas posibles asociaciones; consolidé la razón de lo que es propio; consumé mi natural destino. Confeccioné la evolución.
Ahora no está solo; logré amansarlo; procuré aquellos ritos que se urden para calmar a las serpientes emplumadas. En mi infinita necesidad de venerar todos sus actos, él se imagina siervo; fervoroso conmigo.
En un principio figuré ser su perro; él, fuente de toda sabiduría; demostré mi fortaleza, actué mis astucias y lo doblegué con mi ciencia.
En estas hojas reescribo: él no está solo pues está ahora conmigo. Lo inevitable (cogito: que yo soy) se traspuso con aquello (dios solus) escenográfico; al contenerme dentro de su seno dio forma al ineluctable destino suyo, que yo sea un dios nuevo.
De mí ahora necesita; ha bebido todo lo mío; ha ladrado todos mis cuentos; soy su espejo de teofanías.
Con todo, muero de viejo entre horrendos rizomas; magnetizado, adherido a sus dientes brillosos y pies de caramelo... los años me han dejado casi ciego; mi cuerpo, únicamente alimentado por la inanición de su ser, flaquea; mis fuerzas no son las de antes, y mis bríos de ciencia abandonaron mi seno.
No busco más respuestas; preciso morir; seré ahora la leyenda del dios nuevo que ha de ser descubierto. Él lo sabe; entiende que lo dejaré solo en este olvido de caverna.
Me iré por la otra puerta, por mí todavía no abierta; una más grande, más firme y solo mía; no necesitaré la dinamita. Más allá, fuera de la cueva, hay un trasmundo donde todavía debo pagar al banco las deudas.
Las piedras, antes de fundirme en memoria eterna, regresaron; rugieron el polvo de los muertos en despedida:
The fragmented pieces of life belong to the dying of its soul...
No lograré traducirla, ya que mi dios devora sus propios sesos; enojado, siente el abandono; traicionado, se devora completo; muere dentro de su propia barriga sin saber para qué de todo esto.
A mí nada me importa, sé que lo he matado primero.
Hasta aquí dejo este escrito, bien junto a mis huesos; que los sabios del porvenir descubran mis hallazgos; expuestos con claridad, rigor y método científico. Si alguna vez hallan mi caverna y mis huesos, sepan que Aristóteles habló sobre mí primero:
‘Ὁ μὴ ζῶν ἐν κοινωνίᾳ θηρίον ἢ θεός ἐστιν."4 "Quien no vive en sociedad es una bestia o un dios."
A mi amigo Marcelo Charras
1.-“La memoria del tiempo de los imperios se condensa en lemas de la piedra, en mandamientos traídos en tablas desde el Sinaí” (fragmento de un viejo tratado sobre política, escrito en arameo, que años atrás descubrí dentro de una gruta en el Líbano).
2.- Mientras era masticado y estaba en la panza del león, escribí en mi pequeña libreta: ‘El <Para qué> del fenómeno en curso.’ Mi destino estuvo sellado de antemano, mucho antes de mis estudios en la Universidad de Buenos Aires. Aquel fenómeno me debía su existencia, me necesitaba para ser descubierto. Debe agradecerme su renacer, mi ciencia y mi dinero.
3.- También me pareció ver la forma del tomate o de la mazorca.
4.- Los investigadores se han tomado la cabeza con este último epigrama. Lo llaman: el misterioso fenómeno que se manifiesta solo. Una libreta sin tapas ni hojas; una libreta que era todos sus miembros.



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