EN EL PAÍS DE PAMPA Y ROCA


    

           En el país de Roca todos podemos estar sometidos a los cuatro o cinco que tenemos. Y hablo de una pertenecía exótica de empleado fiel, de subalternos, siervos de la gleba, “entropófagos” (bestias que se comen a sí mismas desde adentro hacia afuera), alucinados, agenciados, perturbados, alienados, etc. Porque tener un Roca es abrazar a esos cuatro o cinco dueños que venden este país para luego reclamarlo a su posesión reiteradamente a costo del siervo. Este ciclo de venta y retención en la recuperación se lo denomina: periodos argentinos versados en políticas públicas de deudas adquiridas.  En este encantamiento se vive atolondrado, pagando la fiesta de los otros, quienes en este momento que escribo han puesto en venta todo, porque sus hijos ya han dilapidado aquello, lo obtenido de la venta anterior.  Es decir que enarbolados, empoderados saldremos airosos con esta venta porque luego habrá Derrame, lloverá maná del cielo. Que los ricos vendan toda su tierra (en hora buena), todas sus empresuchas nacionales que vuelan, todo ese petróleo, todo aquel espacio aéreo, todo lo que el general les ha embrujado. Necesitamos más se pide, y afuera dicen: "miren que compramos para quedarnos; nada de nueva expropiación". Los dueños de todo vuelven a culpar a sus hijos y a sus padres por esos malos entendidos pasados y prometen que esta vez no hay ninguna posibilidad de que se les exija un horror semejante. Somos gente honesta y cristiana, pro europea, y nos enloquece los Estados Unidos. Todos los que ustedes son y que pudimos nosotros haber sido, pero no somos ni muy inteligentes ni tan sanguinarios. Nos gusta mucho la fiesta: en definitiva, acá en el sur las leyes no importan... 

Entonces este pueblo vende todo lo que se dice de suyo, en cuanto ejemplificamos que somos como las patas de una mesa, y de esta forma nos ingresa plata fresca para despilfarrarla en viajes, lujos, sueños, pasiones… Una vez que las patas reciben ese poquito que cae de la gran mesa para los cuatro o cinco argentinos, es ahí que nos sentimos más patriotas que nunca. Mientras nos caigan algunas migas, nosotros andamos bien y creemos en este sistema fenomenal, siempre “impredecible”. Y la rienda se suelta un poco, algo así como cuando los siervos reparan que existe un asiento más que está disponible en el colectivo; la idea del ascenso se nos pone delante como un especulo de la fiesta con panera, con "la" que se rebosa por allá arriba. Y los estratos intermedios aferrados a las patas intuyen el mundo como una posibilidad, se puede estar más arriba pero también allá abajo, cerca del piso, en la cochinada. Esta tensión los mantiene siempre alertas. Saben que llegar a los lugares máximos del señoreaje es imposible, pero el mero coqueteo en el “quizá este” mismo club al que se supone que “estos” concurren, les (nos) eriza la piel. 

    La degeneración es albuminosa, nos perdemos dentro y confundimos siervos de categorías, burguesías versus proletariado. Vive una sola especie que habita en las patas de estos elefantes, sostenemos este mundo de los pocos. La marca la llevamos todos con nuestra primigenia inspiración. La libertad tan ansiada en el país de Roca se llama desconocer los ciclos que son inmanentes a este país debido a su configuración colonial germinal. Las colonias somos parte de un sistema de intereses que ocupamos en clanes y dependemos de algún centro de mando. Nada más sencillo que la realidad de que siempre esto ha sido así. No somos la excepción, no hemos luchado lo suficiente como para ser las patas de una mesa mucho más grande. Vivamos este presente con el conocimiento que el retorno será inevitable, ya que no hay posibilidad de mesas estables con las patas flacas. No hay dormido que no despierte, no debemos ser una colonia ni colonizados. Aunque repiquetee y aturda esta libertad mentirosa que promete tirarte un montón de migas ese próximo domingo del año que viene porque ¡Haremos un gran asado!  A los pensantes se les ruega piedad, a los brutos armonía, pero a los que despiertan hay que matarlos. Nada es peor transmisor de la conciencia que un buen insepulto. Vayamos a esta lógica de la veneración con las privaciones necesarias del hoy para que aquel domingo prometido finalmente llegue.

Un saludo afectuoso.


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