EN EL SILENCIO



        Alma enclenque y cuerpo roto me desmarcan por encima de la viva plebe. 

    Será por el río muerto y bermejo que rellena con aguaceros el corazón     pétreo de la misma muerte que acecha. Termitas corroen con aguzado tino las cavidades cebaceas de mi cerebro, mientras me observa impávido el reflejo de mi cuerpo etéreo.

    Fuera de mi esa nada, solo marionetas en el ágora del ensueño.

    Ahora despido al Sol e interpelo a la Luna para que me cobijen bajo las cenizas del fuego copernicano. 

    Bailes sabáticos y silencios de Morfeo el cruel destino mío, un pobre jilguero.


  Rampoldi, J M. (1995)


                 

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