FÓRMULAS


Antecedente:


    No tener idea, no comprender, no sintetizar, no situarse en presente. Todo solución rápida, nada de esfuerzos. Una propia indignidad de lo que se es, ya es suficiente peso. El asno, hermoso, de los que cargan. Los útiles, los mansos. No ven el ojo de su tormenta. Obturan, autopercepción, reflexión autoscópica, negación, improvisación, demasiados fantasmas por seguir. Experimentar lo permitido, siempre lo permitido. No consciente, jamás alerta, pasmoso, ocluso, difuso, abatido.

    No tiene la mínima idea, estrujado, orate, parasitario, mulo. Barbarie, extinción de sí. Capacidad volitiva igual a cero, magullón de existencia. Apóstrofe de equivalencias, sexo entre primos. Paura, mensura, doble tiempo, y respuesta esquiva. No saber, no comprender, no desafiar a las paredes del momento. El brazo partido, un tobillo flechado de realidad. Abultado el insulto de la constancia que persistiendo destila ese pestilente sudor a bruto por elección. Bestia inútil, ni siquiera de corralón. Alfalfa barata para alimentar a la prole de su propio semen inerte de confección pueril, por la intendencia de una ciudad llena de brutos como los lémures de una nata pasada de cocción. La porquería, encerrado dentro de un cuarto que se convirtió en mente. Niño sólo, abrupto, eructó y se orinó encima. Infancia come mocos de primera, perfecto extraño de sí. 

    Vacaciones permanentes, exilio de cualquier razón. Partícula de perezosa materia. Imperfección perfectible. Bola encamisada, adherido de grano. Balanza trunca que pesa su propio peso sobre barro mojado, bajo los ojos que lloran el parto concebido al despropósito. 


Consecuente:

    

    Ardor. Engendrar violencia en incremento (paciencia, ecuanimidad, eucaristía, volición, exterminio, sangre), matar a golpes de pala entre cejas a todos aquellos ojos que lloran por un antecedente siempre ayer.


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