UNA LÓGICA DEL LAMENTO
Sombrías misas dentro de barrios hundidos en pobreza, una mar de Capital que inunda estas cabezas nuestras; ahogamos el sentido por un par de zapatillas nuevas. Olor a plata gastada, sin más. La alegría de la amenaza que ríe en la esquina de cada inseguro caserío que asoma en la patria del enorme complejo que llamamos tierra de amigos, hermanos, de propias pesadillas.
Un temido sentido bajo la amenaza de los que toman chinche en extracto de savia por la médula de sus espacios más injustos de la vida que les fue dada por una muestra de benigno mal conforme. Una pútrida afición, regalo de riñón. Nada puede ser bueno, nada lo es, nada no es. Confusión y confusión, mas desenlace: Falta. Repite el trapito del pibito la inmadurez del asunto. Manada absurda que canta una hinchada a lo lejos. Meamos nuestros barriles y cagamos azúcar de lo que ingerimos por demás, adiestramos insólitos “antropozoides” que replican condiciones, aunque siempre con nuevos reclamos. Nos amasamos, asomamos, espiritualizamos, barruntamos con medicina de boca, con llagas de estómago nos almorzamos. En nuestros esquejes encontramos este ocio.
El sapo come la chinche que regresa cada vuelta con más olor a querer. Manga de mangas en corte directo a la frente que nos descubre tontos y mansos en la vida que sometidos: Esos fueron tales, los bloqueados por la aorta de marrano. Anudo mi sentido común en días de colimba, pero no corro, no limpio y no barro. Mi garganta húmeda de saciedad, no grito porque no tengo la falta del exceso. Sé social, sociabilizá con aquellas ranas. Naranjas y pieles azuladas de olor por mulos que fueron acumulando vino en bodegas distantes de nosotros, que bajamos en naves para someter y sofocar con ignorancia prometida. En estampida estos elementales velan el mundo de nuestra panorámica, y, tan solo, queda esto que es lo evidente. Apenas lo ineludible para juzgar lo que nos entendemos muy de a poco. Y esto es el nódulo entrelazado de la maravilla en este desierto vacío que esconde agujeros abiertos por aquellos topos desaparecidos, camuflados en hacendoso Capital. Ya que los inmortales brillan como lo anhelado para que podamos percibir y comprender aquello que nos busca sin verse. Este eucalipto de la vida, tan alto y viejo que su corteza es longevidad de juventud añadida, inmolada al Sol. De nosotros la mocedad como palabra. Se nos devela bajo la luz de él (el Sol) aquello que hemos perseguido cuando vinimos.
No recordamos el programa, la rendición, nuestra confusión de primordiales seres superiores que invadimos por nuestra tecnología con ignorancia; pedantería, vinimos en paz: Correspondo al Capital, sacrificio de los inmortales, quienes encubiertos conquistan a los brutos de olor a mulo fresco en todas esas perfumerías que existen durante las esperas de vuelos internacionales.
Las estrellas nos designaron aquí un terreno para ejemplificar nuestra existencia en espejos ajenos, que asemejan a propios por la emanación de la empatía. Esas sonrisas de estelares actores condensan la gratitud de nuestra génesis eugenésica. La mirada de Bettes Davis y este miedo de aminorar en demencia. Los semblantes de los que nos representan como especie, articulan síntesis de nuestra disposición en conciencia, que se predispone a aceptar un solo destino. Pasado en familia, presente en amorío, identidad de viejos iguales; finalmente todo no es más que empatía de lo sido.
En cada devoción a cámara por Bruce Willis disfrutamos una comedia del que no cree que vos crees que sin embargo le crees. Ya que una película puede ser un relumbrón de nuestra propia historia. Toda la galaxia de nuestros ancestros reunidos en clan rememorando al unísono. Nuestras travesías hechas, las desgracias sobrevenidas, fortunas y encuentros dialogan sobre nuestra propia integridad esencial. Es la modalidad que los verdaderos primordiales poseen para compelernos por la desgracia que les trajimos. Sin estos bálsamos de seguridad, la industria del entretenimiento acaba siendo oportunidades para exageradas desdichas con carácter de ciencia ficción.
Cada vez que soñamos en clan, ciertos se proyectan desde lo que nos muestra el afanoso Capital y otros sucumben a un misterioso espíritu. Puesto que en la invasión de estos cuerpos que ocupamos en nuestra tierra, ciertos advertimos que los inmemoriales nos regalan su exceso en migajas para que en el desacuerdo por el despellejo tengamos algo con qué dirimir. Un ejemplo de recuerdo, leyenda o película sobre algún hecho. Puesto que lo eterno en servicio de lo efímero regala la confusión de aquello que no dominamos, convertido, troceado, sólo y por narración. Detrás de una sonrisa que invita la redención concurre un pereciente, alguien crónico, un Eterno que interiormente consume vasijas del tiempo suyo como regalos de supuestos seres propios en ajenos.
El plan inicial fue adulterado por la segregación de esencias que nos dispersaron con efecto de racimo. Boleados, queda una retirada digna. Máxima extinción, única liberación posible para estas dos partes de una ecuación simbiótica y ascendente entre verdaderos amos y esclavos que merecen ser amados. Toda generación venida de conquistadores que hemos sido, sumida en infructuosa venganza y ajustada a la ilusión de la conquista. Glorifiquemos a los primordiales que nos hechizaron, ellos habitarán eso habitado detrás de nuestro tripalium.
Un duende, algún terrible dios, “eso” que nos subyace, exhorta a escribir para confundir, perturbar. Con falsas pistas tejo la tela de un velo que deliberadamente los oculta. Esta sustancia, y mi reflexión, es una engañifa elemental para los conquistadores despojados. Un mundo simple y conjetural recubre a eso vivo que huye dentro de las pobres ideas que permanecen esparcidas en el falso rastro.



Comentarios
Publicar un comentario