Música y pascuas


    Nuestra relación funcional con la música es tal: como quien intenta mantener viva una entelékheia; tal cual, lo es el fuego. 

    Se le echa carbón, se le sopla, o simplemente le otorgamos una entidad con la mirada del calor; sin embargo, el fuego es de sí en su desarrollo y finalidad. Depende de la energeia (de los humanos) solo para su actualización. 

    La relación del hombre para con la cosa en sí (la música) es de redundancia. Una celebración de la continua vitalidad y relevancia de la música en la vida humana.  “Parasitarios” de una sustancia inmanente que se encuentra más allá de nuestra pequeña comprensión. 

¿Qué tanto se dobla uno ante la picadura de un mosquito en el tobillo? Y ¿qué tanto el fuego ante nuestra soplada?

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