A Nyarlathotep, el poderoso mensajero

    

    Los alucinados arrogan serviles posturas ante lo que se les prescribe. Alienados y alucinados parecen versiones de una condición. Los alienados vegetan la cosa en sí y gozan internalizándola, la vuelven propia. Urden reverencias para sí mismos. Sublimes intermediarios de lo inmediato. Por otro lado, los alucinados conciben a la cosa como algo fuera de ellos, no obstante, la perciben deliciosa e irresistible y no pueden vivir sin ella. Los pocos que bordean el límite son extravagantes que señalan a la cosaque brilla con cualidad alucinatoria y se preguntan: ¿Seremos cada día más?

    Cuando la pandemia mostró su deja vu, muchos brincamos espantados. No está lejos (not far away) del descreer popular lo que se manifiesta como falsedad. No únicamente la condición de realidad fáctica, además, todo su soporte. Sospechamos de este "accidente" en la existencia: y lo llamaron pandemia...

    En aquel evento, dentro del hueco dejado, encontramos que no existe verdadero sustento. No solo para esta determinada episteme, sino también una inexistencia de las columnas que sostienen todo lo que posibilita aquel pavor de vecinos parapetados tras barbijo. Ópera de vigilados vigilándose.

    Los alienados y alucinados desfloran buscando néctar; algunos locos encuentran que el fondo es para otro y prefieren participar poco o nada. Han de ser muchos esos otros que se alimentan de nuestra labor, del néctar que producimos. Destrucción, una pasión, la mística, nuestra música, el juego y el amor, Trabajos y días, toda una mundanidad de universos mantiene a otros con vida. Recreamos esas vistas con nuestro olfato. Escuchan con nuestro paladar. Sus ánimas consumen nuestra perspectiva. Llenamos infinitos estómagos con diaria agonía.

    Los dioses antiguos no se han ido. Moran entre nosotros, succionan desde un adentro que los desfigura. Apariencias entre miles de millones de palabras subrayadas a lo largo de la historia. Cada denuncia, un clamor que mereció escribirse, nos habla de ellos. La infantil literatura chilla perifrásticamente esoque subyace al acto en necesidad cumplida de un argotipo” (de argot: como lenguaje especial entre personas de un mismo oficio o actividad. Tipo: modelo) que predispone el malestar propio de la existencia.

        “Los monstruos que habían venido a la Tierra parecían proceder del planeta Yuggoth, en el extremo     del sistema solar.” (Lovecraft, H.P, 1987, p.105).

    Los “argotipos” son enclaves metalingüísticos que predican sobre nuestras posibilidades como jefesde una actividad particular, y propia del esclavo. Esta parafernalia no lingüística, pero si actante en cuanto un hacer, formula la “conceptualidad” del verbo.

    Plancho una camisa. Este “argotipo” representa una serie de sintagmas anímicos que podríamos identificar como la determinada pleitesía para con la <<cosa>> que brilla". La <<cosa>> que brilla: el mundo y sus entes intramundanos . La acción entendida como verbo suscribe un “argotipo” que es decodificado por los agentes interesados en consumir esta especie de avatar o mensaje polisémico estructurado. La cadena de “argotipos” necesarios para la subsistencia de lo necesitados (en adelante les llamaremos dioses) es incalculable. Son miles, tal vez estén repartidos por clases sociales. No parece ser una masa indiferenciada de individuos. Porque no es lo mismo consumir un “argotipo” de pleitesía ofrecido por aquel que inventó la dinamita, que el de un otro “pelagatos” y lustra bronces de parroquia barrial. Cada alimento tiene un precio, alienados y alucinados una correspondencia formal. El mundo del amor del dios sobrevive de un pan que somos en el hacer (ejercitando un singular tipo de verbo).

        ¡Cuanto más el hacer reluzca al brillo de la cosa, este pan acrecentado y esponjoso se volverá! “Los         vocabularios canalizan socialmente el pensamiento” (Mills, citado en Morley,1996, p.19).

La <<cosa>> que se alimenta del lustre atrapa los insectos más lejanos con grandes opiáceos, pandemias, guerras, etc. Las calamidades figuran cual llamadores para la consciencia. Que ahí y ahora habrá que, necesariamente, volver a prestarle atención con la intención puesta en eso que reclama. Con intención para con el viejo lustre que hiede, somos compelidos a la tarea de ejercer acción y renovar ese lustre con lonuevo. Desentendiendo en absoluto que, lo que reclama manifestando, es una deformación onírica. Lo que brilla solo demanda brillo.

    De este movimiento emergen las oraciones infinitas que nutren un fin último, desbocado y engullido por dioses exteriores (Yog-Sothoth1 abrió esa puerta).

    La cadena total de “argotipos” humanos es trozada, se separan las viseras para los muchos asistentes al banquete. Luego de la evisceración, somos ofrecidos en ἑκατόν (hecatombe).

    Nuestra acción medular acompaña la sustancia, la conforma y determina. Nos concentramos dentro de un jugo dialectico cuya esencia es vital alimento para aquellos que ordenan desde el más aparente allá. Cada paso que damos, este escribir, el colectivero que frenó su colectivo en la esquina, todo aquello que genera significante en el mundo funciona como compuesto electroquímico para ciertas neuronas pensantes. Los que cultivan esta colonia en su decodificación.

    El “argotipo” que produce cada uno de los esclavos es acompañado por una sucesión de leyes axiomáticas que complacen una sintaxis mayor, construyen relato. El relato de una vida está dado por la sumatoria de estos “argotipos” que responden al paradigma de las acciones intramundanas que esta persona ya ha desarrollado (su existencia), y de aquellos “interdiscursos” por él descartados.

    Que escriba esto mismo que tecleo, origina un “argotipo” del tipo onto-psicoanalítico-sociológico. Figuro parcialmente una condición general sobre los eventuales consumidores finales de las mayorías esclavizadas. Podríamos pensar, sin embargo, que este simple ensayo brinda en su singularidad un “argotipo” de pleitesía insuficiente. Me he convertido, de alguna manera, en el genio maligno de Descartes. Y digo: Aquel que come de mí será infeliz por encontrar el espejo que clavo en él. Parafraseo a Freud: “Les traigo la peste”

    Un “argotipo” malvado, indigesta. Lo malo, la mala acción constituida como sintagma perceptivo trastorna oníricamente al alucinador. Lo vuelve adicto. Las malas acciones son como una droga que sabe a miel. Magnas malas acciones, como la de imponer una vigilada pandemia o el actual conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, funcionan a la manera de relatos que movilizan al mosquerío para producir más de eso mismo, montado sobre supuesta superación. Ares, insaciable asesino de hombres.

    ¿Qué pasa con los locos? Todos especulan, pero nadie sabe realmente. Cualquier teoría es incompleta, si simplemente observan y analizan todo desde un afuera. El loco es incógnita pura. No me pondré a analizar tipos de locura; hablo del puro distanciamiento del centro (border).

    Anhelo cantar unas coplas: 

                                      Pensamos que todo esto es muy importante y queremos que vuelvan. 

                                      Pegados a la luz estamos bien, parecemos y estimamos como el almizcle.

    La masiva cantinela expresa e instala la agenda. Si estas coplas no son oídas por los locos, necesitaremos organizar una depresión orgánica mayor que manifieste el vacío y no la evidencia (de una pandemia, por ejemplo). Hay que convencerlos de retornar al almizcle que lo sostiene todo aferrado a la nada. Porque, así como andan de loquitos, no son más que puro alimento improductivo. No generan plusvalor, instituyen la subcultura del sin sentido.

    Supongo que las ideas puras del entendimiento de nuestros captores han de ser similares y por concordancia con nuestra ipseidad. Y como dijo Schwarzenegger en Depredador (1987): 

                                                                    Sí sangra, podemos matarlo.



1- Personaje de ficción en los Mitos de Cthulhu.

Bibliografía:
Morley, D. (1996).
Televisión, audiencias y estudios culturales. Amorrortu, Buenos Aires.
Lovecraft, H.P (1987). El que susurraba en la oscuridad. Minotauro. 

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