LECTURAS 2023


    Esta idea del hombre absurdo de hoy: “Si existe algo importante que yo deba saber, es, obviamente, algo que sabré eventualmente porque nada puede escapar a mi conocimiento ilustrado.” Esta representación tan estúpida del pensar del hombre de hoy se la debemos en gran parte a la ilustración; aquella fue, en realidad, un letargo "contra-producido" por esos otros momentos mágicos de la edad media. Sin embargo, y es lógico que así suceda en tiempos cíclicos, todo aquello inevitablemente retorna. Y como regresa lo imprevisto o intempestivo, aparece un día el mágico ChatGPT. ¿Qué es? La duda de que, eventualmente, nunca sabrás nada... Un retorno a lo mistérico, ¿a una nueva edad media? Un camino que regresa a un estadio de asombro antiguo, primeramente, ante la novedad de la maravilla que hemos creado, como lo fue para los primeros filósofos que dieron cuenta de que aquello, que era mito (construido), ya no era razón suficiente. Y Sadin, asombrado en este pequeño libro sobre “El hombre azorado”, da cuenta de que la contingencia de esta existencia podría estar determinada por un mecanismo superior que dispone de las almas de los imbéciles que habitamos en este circuito existencial. Es decir, Sadin nos habla del Frankenstein creado, y que este, mañana será arjé de este pasado que hoy somos. Compara con duendes y elfos lo que bien podrían ser ángeles medievales. Criaturas fantásticas de cromosoma digital. Unos existentes superiores que prevalecen al hombre inferior, quien ya no puede sumar dos más dos. Este apocalipsis relleno de trompetas y monstruos con fuego es, para él, ineluctable. Su emplazamiento platónico (el de Sadin) lo hace patente en cada renglón. Hay desparpajo en el asombro de lo que subyace. Esa verdad revelada. Declarando este nuevo mecanismo idiosincrático que llamamos AI (artificial intelligence) el fin de un principio. Un ente absoluto que deviene inexorablemente como el gran espíritu hegeliano. Y, quizá, sea correcto pensar de este modo. Posiblemente este periplo nuevo del hombre, en tanto ente que deviene en procesos reductivos hacia una temporalidad que le acomode mejor, sea un acontecimiento necesario. Porque, a lo mejor, habrá cosas que deban ser absorbidas por un otro que no soy yo, pero sí, debido a que yo ya no considero aquellas "cosas" como necesarias. Como quien guarda en su caja de herramientas (más bien dentro del bolsillo de su overol) aquellas herramientas que no necesitará para hacer un simple agujero en la pared. Por este camino de retorno hacia lo antiguo que desencadena una era de bienestar solar, monoteísta, podremos continuar en esta forma de ser contra fácticos, como si floreciésemos tal cual el pharmakon sustanciado de Stiegler. Un pharmakon que disyunta entre lo aristotélico o platónico, y que conocemos gracias a que el hombre pudo ser grafista de sí mismo. Logramos comunicarnos y plantar recuerdos, pero estos, nunca como hoy tan bien indexados por esta nuevainteligencia artificial (hay que recordar que el desarrollo técnico del cine convirtió al espectador reflexivo de la pintura, o de la fotografía, en un espectador en shock. Un espectador que ya no tiene tiempo de pasar de una imagen a otra, porque los movimientos internos del film a 24 frames por segundos sustituyen a sus propios pensamientos).

    Y en la multiplicidad de glifos, vasijas, pinturas, fuimos armando nuestro archivo SSD o disco estable de la entidad identificada. Y en esta estabilidad es donde todoha sucedido; desde aquella incomunicación tribal hasta esta mega-comunicaciónactual. Esta cualidad al narrar de Sadin es como un resumen del Popol Vuh. Es una inducción a la inconciencia colectiva explicada bajo la contingencia de la novedad, ya hace tiempo precognizada. La venida del mesías siempre esperada, la secularización del TODO. Es comprensible que, en una modernidad predominantemente aristotélica con su pensamiento propio de regla del tercero excluso, y cuando la magia había quedado en el recuerdo de lo circense, de pronto, tropezamos con el mago Jobs, y que este, además, haya muerto junto con aquella famosa última foto de mago andrajoso (cual franciscano pobre); y un Bill Puertas(Puertas y trabajos, Gates&Jobs) vaya concluyendo su vida con armoniosa generosidad de hombre sabio y clarividente. Como la metáfora patrística de una esfera que asume su compromiso, para que aquella bóveda celeste incognoscible esté ahora, y entre nosotros, forjada por datos intangibles y emanados, tal cual el aithḗr; aquello de allá arriba, ese aire más puro, la personificación de la luz... Pero no se puede o debe temer si en la conciencia de uno existe un fundamento que emerge, uno tal, que los que nos hallamos en la transición no logramos de comprender. Porque un hombre lobo no lo es hasta que finaliza su proceso de transformación, lo del medio es pura expectación, sino ver The Howling (1981).

    Los primeros siglos de la anterior humanidad, gobernada por Roma, hubo una aceptación del cristianismo como la verdad ineludible. Se convirtió en religión oficial, siendo aceptada como otro posible dispositivo de dominio. Un cambio que se hizo primeramente ver como ineluctable para Constantino I, promoviendo su tolerancia con el Edicto de Milán en el año 313 d.C. Feyerabend lo insinúa, o lo dice, la ciencia será una religión o no será nada. El prefiere que sea nada antes que un fundamento absoluto. Pero acá, en Sadin, existe, como con un profeta, algo de que esto que pasa, pasará y será enorme. Esta manera de que el hombre sea siendo, será, pero será aún mejor, mayor y Grande como Al-lāh. Y es con esta cuestión, de que inventa su rama idílica de la antrobología. Con algunos ejemplos absurdos como el del walkman, y como de aquello: ahora estamos en esto” que es mejor, aunque inconcluso. Hay un temed, pero es un temed del vencido. Ya no hay razones para temer porque es inevitable. Será mejor, entonces, subirse al platonismo de un mundo suprasensible de algoritmos misteriosos y una animalidad, que él solo recuerda cuando va al baño.

    Está bien, estamos en un periodo largo de transición del mito de nuestra razón al logos digital. Eso está claro. Sin embargo, será, como nuestra razón, una herramienta más en el derivado mundo del homo. No hay que estar enojado, ni triste, ansioso, ni temiendo. Las implicancias están dadas en la resultante. Si este remedio nos sigue enfermando, ya llegará el momento para otro paradójico paradigma; ya sea que nos convirtamos en cerebros dentro de botellas habitando un planeta que no fuese Gaia. ¿Acaso el hombre con su comida no fue también cocinando en su propia evolución? Y así, como hay cosas que son útiles saber para vivir en esta abundante comida (eurocéntrica), van a haber otras que mejor se deben relegar a un tercero, porque yo ya no doy más (de comer). Si el alimento está dado por una gran organización mundial benefactora de los proletarios todos, si la megacorporaciónnos alimenta y nos cuida ¿para qué uno querrá leer a Marx? Y no digo que esté mal o bien, es otra dimensión del hombre. Es un hombre que en la fe y la confianza (de las vacunas) de la ciencia, ha decidido entregar su libertad por esta nueva pleitesía acordada para con el amo. Y si el amo es la Ciencia en su sentido Absoluto, se le compensará con nuestra memoria. ¿O la edad oscura no fue una edad de la desmemoria hasta que apareció Averrores y luego la via nova?

    La proletarización cognitiva es la resultante de un imperio construido y casi terminado para futuro dominio de lo absoluto. Y esta suerte baja o hypoamnnesis de la que habla Stiegler, le llegará su futura y trágica anagnórisis. Y es así, que los recuerdos que pierden memoria se estampan en la cara de uno, tan pasmado como el profeta Sadin.

    El primer hombre que comió un alimento. ¿Hubo una necesidad o una decisión en él? Hay necesidad, o decisión que luego se vuelve necesidad. ¿O cuantos helados de dulce de leche podría comerme si no hubiese una decisión (por parte de mi mujer, mi IA personal) para no morirme? Entonces, al primer homínido que comió: ¿quién lo obligo?

    Hay un cambio tangencial de la estructura del ser-en-el-mundo, el tema es la especificidad de ese mundo que viene. Las estructuras de dominación para los prácticos inertes están adjudicadas a determinado poder hasta que la fascinación mute en la necesidad de otra cosa. Las revoluciones asintomáticas se confieren en el ámbito de lo querido y deseado. Como hombres ya maduros, desapegados de todo dios en los cielos, y ya desapegados del caos en el que hemos agonizado a nuestra colonia Tierra (Con esta utilidad que nos brinda la naturaleza), veamos la manera de persistir, pero dentro de una fantomaquia(Máquina fantasmal) especialmente confeccionada para el nuevo nosotros y a medida de una “realidad” devastada. La caída del paraíso es la salida del cascarón para una vida que se advierte en la permanencia de lo mismo que somos, yo estoy, yo seré, yo soy, y concluir en un yo fuí una res extensa. Nuestra separación de la animalidad da pasos que las tribulaciones de la carne no pueden ya responder. En el proceso de desforestación mental de la humanidad, hay un árbol menos en el planeta que lo espeja. Nuestra separación hasta para con la Tierra o Pachamama es, quizá, la resultante de otro proceso cósmico de nivel superior planetario. Pero eso es un tema aparte.

    La IA provee respuestas para cada incertidumbre de los antropomorfos, y viene explicada con una indexación fabulosa e infinita. Pero el someterse a la incertidumbre es el verdadero dilema del hombre, y éste es eterno. El, ¿por qué? Y esto no te lo va a contestar ni el muñeco más inteligente que armemos dentro de un taller de otra familia de apellido Jobs (Trabajos).

    En Trabajos y días, Hesíodo narra: “Antes solía vivir sobre la tierra la raza de los hombres lejos de los males y sin el duro trabajo, y las enfermedades penosas que dan a los hombres la muerte.” (Hesíodo, 2006, p.89) Esta vez no caeremos por una mujer que: “[...]quitando con sus manos la gran tapa de la tinaja, los derramó, y para los hombres se urdieron sufrimientos terribles.” (Hesíodo, 2006, p.89) sino por Lisa (No Eva), la primera computadora personal del Señor Trabajos.

    Sadin lo observa bien esto mismo cuando compara esta suerte de digitalización universal y el triunfo de los pitagóricos con su teoría de la matematización subyacente del mundo. El que lo entendió bien, también, fue  un tal Aristóteles a Pitágoras en Parménides. Y el final de la vuelta de esta nueva y rutilante rueda, ahora con algoritmos mágicos, será cuando le demos sentido a otras cosas que ya no son importantes para ese nuevo/viejo mundo. Porque como seres carenciales de Gehlen que siempre seremos, y entonces, o, por lo tanto, necesitaremos que: Ya sea en este mundo animal (que, igualmente, hemos creado en tanto que animal” y “real”.) o en el próximo virtual, donde, asimismo, existiremos desprotegidos, habremos de producir nuestras nuevas propias armas de supervivencia. Porque el mundo interno del hombre se manifiesta en lo exterior como la falta, su eterna carencia. Y la naturaleza del entorno del ser-en-el-mundo es consecuencial con las posibilitantes predefinidas en la arquetípica demiúrgia de nuestra carencia interna que es pura soledad de horror vacui. Para Blumenberg, “La tecnificación proviene de la tensión entre la tarea teórica, que se revela infinita, y la capacidad de la existencia humana, que encontramos como algo dado y constante.” (Blumenberg, citado por Cesár González Cantón, 2015, p.90)

    Y es sólo (deduzco) con el sueño de la conquista del espacio exterior, de la apropiación de esa inmensa naturaleza como recurso, donde veremos, quizás, el escape aristotélicoa tanto platonismo(hay que recordar que el esclavo siempre regresa a la caverna); “platonismo” quien, como respuesta a aquél, su némesis, nos sumerge dentro de un mundo con abstracciones y admirables seres algorítmicos en busca de una perfección siempre lejana, pero también a la mano (Dios está en todos lados, aunque no lo veamos). No importa que el espacio exterior del cosmos o el virtual este regenteado por mafias, el hombre necesitará siempre del amo en su en-sí para-sí, sea con mayor o menor docilidad, pero siempre residiremos sometidos en la propia decisión de la sumisión por la necesidad de ser existentes.


Bibliografía:
- Hesíodo. (2006)
Trabajos y días. Editorial Losada.
- González Cantón, C. (2015)
Hans Blumenberg: Historia in/conceptual, antropología y modernidad. Pre-Textos.
- Stiegler, B. (2016)
Para una nueva crítica de la economía política. Editorial Capital intelectual.

-Sadin, É. (2017) La humanidad aumentada. Caja negra editora. 

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