FRAGMENTOS DE PASIÓN Y ALIENACIÓN: UN ENSAYO "FILOTRÓPICO"
“Mi atomismo centrado en la pasión por robar. ¡Pero qué ganas de afanarme un fangote de una casa con millonarios hambrientos de saciedad! Algunos cientos de miles para los potenciales 20 o 30 años que nos queden”, dijo.
“Del éxito no aprende nadie”, afirma Fanego. Mucha propiedad, delicia de un hombre tan actor. La actuación es como el alma inquieta, sumisa si se la adiestra. Pero no es para todos el atraparla, encarnarla, liberarla para luego invocar a voluntad. “El atributo es anterior a la esencia”, grita un alucinado por allá .
“No nace de la esencia, el atributo es comunitario y la esencia singularizada por lo determinado”, repone una dama que se peina un rulo.
“El atributo atrae a las esencias y al fundirse se conforma la cosa, el fenómeno, la positiva curiosidad”, ríe, con no pocos dientes sobre el asunto, el que retratado parece un oleo fresco sobre un telar poco estirado.
“El Bien se convierte en bondad de una acción dada por alguien que, en su atributo próximo y cercano a su intención recurrente, le sienta mejor este atributo que el de la Infancia”, Segismundo lanza este apotegma consumado a la morfina con cocaína.
“Ya que el Mal no es ni ausencia de Bien, ni presencia de sustancia maligna. El Mal es acción determinada por el grado de infantilidad que el agente haya desarrollado como parte de una esencia <poliatributiva>”. El horóscopo del mundo bebe café con delincuenciales modos de asombro, debido a malas noticias desde el frente.
“Supongo que el mal actuar es consecuencia de una acción limitada por una fuerza atributiva de mayor escala dentro de esta suerte de kilógono que hemos de ser como entidad “multiarticulable”. Cada atributo es una articulación nueva para mi He-Ma1 (más articulada la figurilla, a escala del plástico, necesario para satisfacer a los niños)”, dijo el infante que ríe en sus sueños. Franquea este instante corto y me impide olvidarlo.
“¿Es, entonces, “lo que interesa”, además, “los” que nos incumbe? o ¿"lo que interesa” será Ellos? Y si el Bien en tanto atributo distribuible a modo de chispas de chocolate en múltiples conos de helados, ¿qué tanto de mi Bien ya se han comido los seres que nos habitan? Enloquecen, <paranoiquean>... Porque en tanto que alienados por la realidad empírica del día a día, y las cosas que se estructuran unas con otras en reglas y mediciones geométricas, cuerpos alfombrados por estampas y un cielo infinito: habitan nuestro cuerpo entidades que proveen la ilusión.
Alucinar a otro es similar a meterse dentro del aquel cándido corazón estrangulando su mente. Una vez dentro del creyente, todo mi ser se hallará en él. Funciona a pedido y como helado me lo devoro en su bondad, infantilidad, género y especie.
“La maldad es por tanto un atributo no distribuible, sino conseguible por modificación del compuesto armónico. El encarnado espanto que acontece cuando se corta la leche en el té”, – muy quejoso – habló el casado.
Infancia por ahogamiento, sofocación. La almohada no permite respirar las otras articulaciones que se van degenerando de a poco. Y la maldad, que es infantil por definición, comanda la nave, es piloto. Y si este piloto configura los patrones de vuelo en una determinada franja del espacio aéreo donde las turbulencias son fuertes. El pánico revierte al hombre-bebé, pasible de escuchar cualquier esperanza. Distinguir la ilusión de la vida que se escurre previo escarmiento de la muerte (es una visión alucinante que al sobreimprimir con la posibilidad fáctica del entorno desatado…) ¡Zas! Me arrodillo ante lo que me ofrezcan: papilla, ternura, amor, cánticos y misceláneas de religión a cambio del alma. Urdo cualquier representación por una bocanada más, escapar del avión en picada.
“Pasa en las películas, pasa en el cine” aplaudo aquel viejo lema que revela una verdad sobre la experiencia; vivir en el afuera común, concurrir al cinematógrafo. En vez de esta conducta absurda de bebés amamantados en soledad por un entretenimiento que se convirtió en celular. ¡Vamos, eh…! A ver si despertamos y vemos que el avión soporta grandes turbulencias y el peligro es casi cero.
“El miedo del mal es infancia solicita por un tutor individual que divisa arrimarse el infierno de lo que adviene, como consecuencia natural de un relato que atañe a cada situación: se le dará un encuentro. Ese encuentro con el otro es para una oportunidad de comunicación en el espacio del que ambos se necesitan para el transito de una decisión generalizada por tutores de turno, quienes también reportan a un centro de mando esférico”, carraspea el viejo Lema mientras aplaude al cine.
Este centro de mando esférico se descubre en una posición tal que aquellos que intiman, sospechan que es la misma figura de la Tierra. El ovoide singular será el circuito donde se particulariza la materia, y se convertiría en movimiento sintético de sus partes y direcciones. Esta microfísica infinitesimal determinaría la amalgama de la fantasía que nos compele a devenir instalados ya para la siesta. Y la siesta es posible solo si el miedo al mal es sofocado con: ¡Que mi bebé no crezca más, es tan lindo! ¡Ojalá este perro quede cachorro para siempre!
No indagar el operativo de la mente en lo inducido por las partes que se mueven delante nuestro, sino por la asociación que obtuvimos de estas piezas, ¿por qué? Con la semántica reparamos en retratos oníricos que bien colman las ansiedades de la curiosidad infinita. Pero no debería en la imaginación sobrevenir la cosa, nos explica Baruch Spinoza. Es con un razonar lógico por donde también se arriban a conclusiones estrambóticas. Es decir, por sintaxis se da un análisis del sentido a la cosa con mismo resultado. Bueno, entonces, habrá que ver cómo se comunican en cada uno esta posibilidad de argumentación. ¿Cuándo se adolece de imaginación habrá que aplicar la lógica, y viceversa? De cualquier modo habrá que escapar a la malaria. La vía negativa y la positiva trabajan sobre valores taxativos, es preferible la intuición pura que no viene de una actividad propia, sino de un aliento del operador de la máquina que anticipa las maniobras catastróficas por venir. El daimon, ángel de la guarda, mi algoritmo querido. “Aquel que nos habita sólo por partición de lo sensible” caviló Rancière.
Veamos ese fondo del abismo, y si da pa´ planchazo el avión, o nos resignamos a una muerte digna. No hay que entregarse al becerro de oro antes de tiempo. “Pero Moisés baja demasiado lento”, grita un grupo de niños afuera, por la ventana de mi departamento– los escucho–. Y, es verdad, muchas leyes son tardadas en penetrar las cabezas con nucas sopladas. La forma de enterarse de los planes es atender al silencio, ya que su señal de radio es inmanente; por lógica razón, las ondas tienen contacto con nuestra res extensa y luego con la res cogitans; entonces, para aprehender habrá que primero oír y luego prevenir al resto que no escuchan por ensordecidos. Ya que la razón usada con lógica que se “circulariza” como la de Spinoza, absorbe en entropía o como agujero negro las demás posibilidades que quedan fuera desde la primera definición. ¡Hay y sólo hay! Bueno, si iniciamos de esta manera nuestra amistad, mejor originamos un combate de puños. ¿Dudar será lo mejor? Templanza, a no precipitarnos.
Como colofón de este escueto análisis sobre una teoría posible e ilustrada con láminas a todo color para el alumno regular del primario bonaerense, reitero mi posición indeclinable a la precipitación y afirmo: “La sanguijuela que nos chupa el caracú dándonos los estímulos masticados para un fin comunitario de superioridad cósmica, o en su defecto prevalecen entidades de esta tierra que son descendientes de los Atlantes... Ocultos y en minoría, o longevos como dioses que son”. ¡Bestias o dioses!, murmura aristotélico el flujo del sonido.
Demostración: Se sabe que el cuartel general se halla en San Telmo, oculto tras una fachada que anuncia venta de antigüedades. Allí es el genuino troll center, desde los comandos subalternos en disidencia, hasta de los que están a favor de la implantación de realidades. Una falsa elección de giles. Filósofos enceguecidos que viven en sus libros.
Q.E.D
Apéndice:
“Pero al pretender mostrar que la naturaleza no hace nada en vano […], nos han mostrado –parece– otra cosa sino que la naturaleza y los dioses deliran lo mismo que los hombres”. (Spinoza, 2012, p.47) El delirio, claro que viene con la construcción de un sentido lógico que afecta a unos y otros de forma uniforme en la medida que se estandariza el estímulo. Las anomalías no provienen del comando esférico, sino por los antepasados que sostienen el orden, la primera comanda que fue la de primero tener que ser (obligatoriedad de existencia pre-ontológica). Toda primera orden apunta a un fin, que no necesariamente significa dejar de recibir órdenes o comandos; tal vez algunas mutaciones del sentido son lógicas de aproximación a un fin cuya orden sea la de ordenar, con lo que lo recibido como dado será dado y recibido en una cadena amorosa y eterna (sin final).
“Desobediencia implica no abrazar esa pócima y preferir otras. Lo mejor es no dar el primer paso, detener la acción que conforma que aquello actuado sea, entonces, catalogado real y subjetivo. Epojé, ataraxia, equipolencia y amén”, absurdo es el hueso flaco que especula acerca de nosotros.
1. Personaje de dibujos animados.
BIBLIOGRAFÍA
Spinoza, B. (2012) Ética, demostrada según el orden geométrico. Agebe



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