LA CAVERNA DE LA ALEGORÍA SIN FIN
¿Gobernar el mundo propio es separarse del comunitario?
Tutelar una sola realidad conforme y pretender que ese deseo no pueda compartirse es mera ilusión. Porque el Deseo mismo demanda compartirse con otros, y en el deferir (nuestra caída) se entrega su administración a otros. ¡Solicitamos la soledad del deseo! Pero todo deseo precisa ser conquistado por un otro que observa ese Deseo como propio. Es el Deseo un imán sin dueño. Regenteado en lo cándido del que cree poder dominarlo. Como las bolas de viento, escapan hacia otros y otros en una cadena infinita. Los deseos son realidades que atraviesan los cuerpos, se encarnan en una acción y parten. En la muerte del deseador existe un cúmulo de Deseos perdidos y "luchados", con quistes y lunares siendo lo único que permanece hasta la disolución final.
Dentro de una oscura caverna todos mirándonos (vigilándonos), al que desea se le pregunta qué está haciendo. En lo que el deseador forja con su cuerpo ya se narra una respuesta. Y con descubrir qué es aquello que encubre la acción, ya es “lo compartido”. Habiendo sido compartido, ya ellos, los cavernícolas junto a mí, me han de determinar; si es que ellos entienden el Deseo que aparenta ser sólo mío… Aunque, cómo sea que lo entiendan desean desear, y “aquel” (el Deseo) vuela apagando el fuego de las antorchas, disponiendo el caos entre las tinieblas de una caverna muy profunda. Lo negro ahora ilumina la discordia, el fratricidio, hermano contra hermana y varios tíos devorados…
La Inspiración es ontológicamente semejante al Deseo. No está en nadie, vuela y atraviesa las mentes. La Inspiración, espíritu suave (πνεῦμα ψιλόν) que puede retenerse con mayor facilidad, activarse a voluntad. El Deseo circunflejo (περισπωμένη) domina la totalidad del compuesto, aliena y transforma. Esta metamorfosis atomiza al compuesto (razón-cuerpo) y lo convierte en pura Pasión (triunfo del alma irracional). Un cúmulo no dialéctico, un nuevo compuesto inestable, plagado de engaños y frases asertivas. La templanza de la violencia desmedida contra una realidad que no es sino para el más fuerte, como opina Trasímaco de pie pesado: “[…] lo justo es lo que conviene al más fuerte, y lo injusto lo que aprovecha y conviene a sí mismo” (Rep, LI 344c-6).
El inspirado (¿el más débil?) conspira desde lo distante oculto en aquella oscuridad tan tenebre. Y entre caóticos gruñidos de batalla en curso, el Deseo apasiona singularidades predispuestas a morir por él.
Es quizás, por esto u aquello (“aquel” que observo por allá, a los gritos y apasionado hasta la exaltación), o “ello”, lo que imagino, que Aristóteles nos definió primero como: zoon logon echon. – Ah, ese… – A quien Prometeo iluminó con la antorcha. Sin embargo, ahora, por la antorcha apagada, solo por luz natural con reglas y métodos hemos de convertirnos en un zoon politikón de naturaleza administrada.
Leyes, normas, si es que deseamos sobrevivir un día más en esta cueva desbordada con siniestras sombras…



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