ARGENTINA POTENCIA

No quiero pensar más – pensar más, más (mal) pensar–. Porque pensar más no es estar en mí cabeza, sino en las cosas. Y si estoy en las cosas, es porque no estoy en mí. Y si no estoy en mí, estoy fuera. Y si estoy afuera, no estoy en el centro de mí. Si no estoy en el centro de mí, estoy perdido por la periferia.  Allí donde todo es caos del pensamiento. Lujuria de un pensar que en su intento de regresar a lo Uno (o consigo mismo), se pierde en la neblina atormentada que sacude primero los cuerpos.

No quiero pensar más, porque pensar por pensar es pensar en vano. Las capas de pensamientos imbricados arman el nudo del laberinto. Vencer al minotauro, regresar a la luz de la mismidad en la experiencia. "Morir es dormir. ¿No más? ¿Y por un sueño, diremos, las aflicciones se acabaron y los dolores sin número, patrimonio de nuestra débil naturaleza?" Dormir no más.

A veces pienso que la Filosofía es competir por quién es más delirante, y quien es el que con su locura conforma un relato tan plausible que convoca a la "nueva" realidad (la efectiva). El eficientismo es, en-ello, el crimen de una torpe disciplina.

Las vacas duermen cuatro horas promedio, siempre andarán estúpidas. Los perros de hogar duermen más horas que nosotros los humanos. Imbéciles, nos destajamos por algún tipo de capital (de capitel, de fundamental, por la biyuya) y subsistiremos bajo el dominio del gran Can. Los gatos duermen incluso más que el perro y son, aparentemente, más inteligentes.  Sin embargo, no tienen la fuerza. El perro, ¡vaya que tiene colmillos! 

Hoy un perro de moda es el bulldog francés y, también, todas esas porquerías chiquitas y lanudas. Esto nos permite especular (algo ya sospechamos) que los perros grandes deben ser extinguidos, ya que a los pequeños podremos amedrentarlos con el analfabetismo del garrote.

Esta astucia es una de las últimas que poseemos, no la desperdiciemos comprando un dóbermann, dos o tres bulldogs, o aquel manto negro que siempre quise. Los perros grandes deben exterminarse lo antes posible. O ponerlos a laburar y que duerman lo mismo que las vacas. 

Hoy dormí 8 horas, el perro de porquería del vecino unas 15. Él me superó x7, con mucho más conocimiento (¿metaempírico?) adquirido. Una enormidad de diferencia con las miserables 8 horas de empastillado que ni siquiera sentí ocurrir. Soy un privilegiado, pero no más que el perro de mi vecino.

La fantasía de ser otro en otro sitio, o como se de ésta despersonalización profunda que ocurre durante el sueño, es una indefinible acumulación de cierta "experiencia". Un tipo de experiencia quizá necesaria para el consciente más próximo, que es lo propio del que se presiente como despierto. En fin, lo que sabemos es que China hibernó largo tiempo para despegar. 

Los perros en latencia esperan ese momento para darnos un sangriento final. 

Argentina tiembla, siempre tiembla. Los filósofos también tiemblan, los cineastas sueñan que van a soñar; nadie se repone mejor que un caniche, que cuando despierta decide cómo vos, que recién llego de laburar, harás su cena.


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