LO QUE PIENSO, último antes de los 50


No es lo que digo o lo que hablo ni lo que opino sobre lo que digo, es un asunto celeste. Universal. Más allá de un estado, muero de a poco. Sufro un imperecedero andar de borras de café y latas con atún. Vislumbro mi pasado con augurios de desolación, profundizo en mi conciencia las torpezas del día a día, y me voy yendo muy de a poco. Cómo ser poeta, cómo claudicar, ejecutar y dormir en el estado de suciedad de las palabras que tan poco significan. Duele el hombro de existir en este arrugado cuerpo de leche que se disuelve como azúcar en un café ebrio de sí.

Quiero, deseo, mendigo por un buen escribir. Beber los jugos del azúcar para que alcancen en el limbo de la puta vida que no es, las entidades mías que también son tuyas desde un vos alterno, conjugado, apasionado. Crédulo.

Soy una gaviota de lienzo, vivo el espasmo que no acaba. Doblego la bullía de mi costado más sano, de mi perfil griego. Tonto vale el tonto por monedas de tonteras que acaban siendo todas ellas solo una, la más preciada, la cumpleañera, tortas para las cincuenta velas. Un barco lejos hacia todos los tiempos que viví, cada cruce y empalme elegí uno nuevo, éste marcha hacia la propia voluntad de las existencias, las persistencias, las insistencias en una conciencia que declama siempre amor, piedad por los cuerpos que bajo el mundo están prendidos fuego. Esto calma a mi mente: pienso que ahí está mi mundo nuevo.

Los cincuenta, estos putos cincuenta, no son nada sin mí: yo les doy su sentido; ellos, la pócima. Bailo en mi cabeza, en mis sueños, en mis juntas, y en todos los momentos en los que pienso que la balanza del torpe Anubis sostiene solo lo vigilado, ¿escapo?

Conecto con un cielo raro repleto de voces, de anzuelos, perdidos ellos en el cuento de mi cuento, conversan conmigo y a través. Nos contamos de todo, lo que sabemos y lo que no. Me comunican todo el tiempo sobre las cosas mías, las cercanas, las que a ellos les importa; lo que saben lo ignoramos, y lo que mitigamos con el fuego tan viejo que supimos conquistar en ese arrebato de forajidos enjaulados.

Me voy en rapto hacia el cielo, con ellos, los marineros que buscan otro lugar, hacemos paz y descendencias plurales, equitativas; seres no perplejos ante un mundo que se abre, abierta ya la pecera de los peores momentos. La vía de nuestros sueños es también una galaxia, nuestros juegos.

Me adoran las moscas; siempre se me acercan. Me aproximo al cielo, en mi cabeza. Juntos somos uno de dos y de tres de mil millones de millones de preguntas. Uno en la miseria de la esclavitud, y otro hemisferio dorado por el sol. Esclavo hemisferio, herido por la luna. Adoro esa idea de llegar a Marte antes de morir.

Siempre existió el concepto del “Cineasta de Occidente”, antes Kubrick ahora Nolan. El mismo sueño siempre que compartir, vivir de las penumbras que da la luna. Venus asoma desde el océano, como con el Lucio de Apuleyo, a pescar cada noche un creyente.

Todo asoma por estos días que restan, entro en la boca con miedo. Cueva de pozos infinitos y toda caída nos acerca al monte Decrepitud. No le temo, más que al dolor. La soledad no me horripila. El olvido es angustia; la estadística y el obituario producen un cosquilleo absurdo de querer torcer el destino o manejarlo.

Ya no puedo; no quedan más ganas. Perdí. Son los jóvenes quienes determinan el futuro, torciendo sus vidas en un canal u otro de este mundo de tantos. A la vejez, la morfina del cansancio, y los dolores, que me obligaré a aceptar como aquello mejor. Muero en el suelo y se me acaba el sufrimiento. Las penas de juventud deberían soportarse, batir las alas en rebelión y quitarse a los enfermos de encima. Rogarles que se retiren y piensen más en ellos, me alejo para mañana tornar en aquel que seré cuando ganen los cien dolores. Escuchar poco, reír mucho, hablar de todo, morder el tiempo.

Mi consejo de viejo, a una semana de cumplir medio siglo.

P.D.: Hacer la cama, arreglar el departamento que viene la dueña con un nuevo contrato de alquiler. No es lo que pienso, sino lo que me piensan para que escriba que, supuestamente, estoy pensando.

Comentarios

  1. Nuestro tiempo en este mundo se deshilacha como las hebras de un tejido viejo, destinado a la tierra y al olvido.

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