CONFESIONAL I



DOGGOD CITY


¡Basta de música, basta de todo! Persigo quebrar esta rutina del hábito, este alfajor de manteca pura que una delirante diosa dispuso delante de nuestros ojos. Quiero morir... Plegar y rendir las cuentas de este subsidio; la duración, supuesta armonía del cuerpo con el alma.

Fragmentado, desolado, cansado. El tiempo no me espera, y yo tampoco a él. Me harto de siempre llegar, de tener que ir hacia. Saturado estoy de las vacas y los gorriones, del mundo y sus pasiones; los burros con los fanáticos, los piojos en nuestras cabezas.

La masa con el pomo, una cabeza en sesos esparcida sobre el Olimpo de todas mis gracias. Molido y por revelarme contra la masa encefálica del otro siempre ajeno, cruel, salvaje, otro de otros; paura, temor o temblor.

Vomito seis penas y me muero en un arrollo de juntas paredes. Hundido entre versículos que no coordinan. La pública ensalada de estos jueces y la vasta clase de idiotas que defienden todo, por todo, para el todo, y ante todos. Forraje de creencia con fe.

Vagabundeo entre altas montañas de fuego, marcho sublime. Mantengo la paciencia con las vacas que pastan y bufan, como caballos que desearon ser.

La tortuga perdió una vez más con Aquiles. Ahora declinemos para adorar a la infinita partición de la verdad.

Solo el burro y el camello arrodillado poseen mascotas. Como esos esclavos de asnos que se reconocen delante de un espejo. Únicamente el que percibe a su mascota como el final de la cordura, notará que el amor es otro error (y astucia) de la Razón. Oigo aullidos de las bestias, húmedas partes, malolientes anos, una animalidad pura y salvaje que convive dentro de todas esas vecinas cabezas.

De lo estruendoso... Un caño de escape libre del conurbano. Un ademán mal intencionado, el alcohol berreta y el cigarrillo. Una postmodernidad de esclavos en la periferia.

La fidelidad del dueño para con su amo: una correa invertida por oposición (o por venganza). Ese perro aprende cada día qué sabemos y no sabemos, quienes somos”. Ese perro sucio, meado y cagado, entiende que el vivir de esa manera es la razón última de una voluntad que le excede, y lo complace. Cuchas y resorts, un lavado profesional por semana; huesos de goma y kilos de grasa refinada. ¡Espanto! ¿Nos hemos vuelto locos? ¿Qué tipo de ilusión o magnetismo provocan estos cuadrúpedos en mis fingidos semejantes?

Observo un dueño que ahora es sujetado por su perro; pelambre de amo que sabe que no sabemos. Con su idiotez y carisma, gruesos colmillos de orgullo canino. Como lobos lejanos recuerdan que la suerte siempre estará echada. Firulais es esa vasija de oro guardada, aquel jackpot que pegó el abuelo, una parte de la familia, la mascota más indicada para el niño. En otros, la animadversión... aquello bestial.

¡Silencio, por fin! El perro del vecino terminó de ladrar; vuelve el bienestar del pensar (grato y popular).

Pensar es tan saludable como hacer fierros sobre bancas saturadas con transpirados orangutanes. El que sufre, por no querer pensar, muscula. Y en el muscular se enciende el cuerpo de llamas que envejece a la mente.

Hay cierto goce en el desgaste de la mente; pero la rendición del esclavo pide solo burlas (que cargan peores angustias). Somos todos posibles Tolkien ́s”, “Lovecraft ́s”, “Poe ́s, dictados por una memoria infinita. Porque allí, donde se refugia todo lo pasado, los pretéritos singulares, los coros de nuestros ancestros y todo lo dicho en el orbe de las palabras, es que el logos aquel que ordena en el tiempoy nuestra paciencia para escuchar mitos sobre cavernas o nichos... acontecen.

En un lago de deseos flotan las palabras sueltas de quienes amamos; habrá que pescarlas con la paciencia del pescador: Primero escuchar, luego pronunciar y, solo entonces, esclarecerlo todo ante oídos necios.

Ver y hablar estriban en el escuchar como causa... Atender al viento; todos los acervos de la magia provocan ceguera en aquel que conoce los modos del azar. Borges y los olivos de Megara. Los laberintos con minotauros; las esfinges, Mitra, Osiris y el científico Thot (Scientia veritas est.). La babilonia de infinitas entradas; alfaguaras de mujeres asistieron para que huya de la libertad ciudadana programada con familias y pibes, perros estilo Labrador.

Allí convenimos recordar, traerlos para acá y volver a pasarlos por el corazón a Todos.

En la memoria de ellos permanecemos los eternos. Es la esfera que es mayor que la energía sola; allí estarán las posibilidades, el llamado mundo. Todas las energías formando no una, sino infinitas plurivalencias. Incluida: nuestra primera Gran Idea. El mito de la Singularidad Universal: “Estamos los que estamos en esta gran y única unidad”. The big cage.

El místico concurre en el problema de la creencia, para él todo esto nació alucinado. Es por eso, que otros humanos, prefieren alucinar tan solo lo que es presente; son verdaderos optimistas, para ellos no existe tal alucinación originaria. En el hacer, y no solo adorando, romperemos este maleficio.

¡Al común sustrato rizomatizado de lo que se da le crecen informes tubérculos! Pequeños “entendimientos” sobre lo que ciertos seres de otros tiempos y mundos piensan de nosotros. Singulares y Universales, criaturas de laboratorio al parecer, hemos venido siendo.

Aquello mismo pensó Sócrates sobre nosotros en la casa de Menón, cuando le resolvimos al desgraciado cierto problema matemático, medio que de casualidad. “Resulta que nosotros somos los esclavos...”, aullamos con furia todos los ancestros en el viento del pasado. Convertirnos en meros sujetos de laboratorio es digno de una especie inferior. ¡Jamás hallaremos la tranquilidad! Porque la verdadera libertad, al parecer, consiste en despachar al esclavo de Menón a la pieza y sin morfar.

En mi pampa, la maldad de la esperanza come trigo porque ya no se le permite de otra.

Las voces que gritamos a los Futuros solicitamos el minuto sagrado de vuestra escucha.

“Lo que es natural no lo busquemos en los seres depravados, sino en los que se comportan conforme a la naturaleza.1

Pasan dos autos al palo con reguetón, un camión con acoplado hace otro bache en el asfalto. No escuché una sola palabra de lo que me dijo esta mujer. ¿Un político, quizás? ¿O un dios...?

Llego a casa. Entro a Internet a buscar aquel refugio de lo deseado. Me quedaré donde nadie me llama ni exige. No hay tal llama eterna que alumbre desde el cenit nuestras cabezas de pochoclo...

““Shh... Silencio. Encontré en YouTube Gone with the Wind en una copia vieja, de aquellas anteriores al disclaimer".


1- Urgencia: uno de los nuestros (Aristóteles en Política, libro 2.) deliberadamente firmó estas líneas en el texto. Ninguno de los dialécticos supo replicar hasta el momento.

Comentarios

Entradas populares