Percepción encarnada como cebo de lo demás
Algo corto, que sea comprensible y que determine cómo vemos al otro dentro de una situación (realidad dada) sincrónica.
A. Dada una reunión de grupo, todos asistiendo al mismo estímulo, se advierte:
1. Tosidos varios, expectoraciones muchas, estornudos algunos, picazones propias, carraspeos siempre ajenos.
¿Quién no ha escuchado ese molesto carraspeo, o la inoportuna tos al inicio de una obra teatral o de un espectáculo cualquiera? ¿Por qué los asistentes de la conferencia estornudan sin parar? ¿Por qué son estas las situaciones en las que el cuerpo del hombre parece fallar de manera espontánea? ¿Cómo puede ser que alguien tosa justo cuando el actor principal de la obra está por decirle a su amada que prefiere morir suicidándose antes de perderla? ¿Qué de aquella mujer que carraspea cuando el profesor dice cierta exactitud dentro del contexto de lo estudiado? ¿Por qué y para qué la aceptación o la negación de lo que se presenta ante nosotros, eso manifiesto, eso dado, viene siempre acompañada de una reacción del cuerpo? ¿Es el cuerpo el que reconoce cierta ‘luz’ que le llega? ¿O es la cuestión tratada en ese instante lo que lo conmueve? ¿Se escinde el cuerpo con el alma en ese momento? ¿El prestar atención a una determinada realidad sobre las tablas, bajo la luz del seguidor, nos recuerda nuestra finitud? ¿Es el poder de la ortoposición de la realidad en su despliegue lo que nos enfrenta con lo que creemos ser (disímiles del flujo de lo real)?
¡Pero quién empuja a Pedro (supongamos un Pedro) a enfrentarse con la realidad desconocida de una oscura sala de teatro, a encerrarse dentro de una caja negra! ¿Quién obliga a Lita a concurrir a clases blancas sobre idealismo alemán?
¿Quién lo llevó a Pedro (supongamos otro Pedro distinto) a la aburrida charla de tal expositor sobre tal o cuál ponencia? ¿Por qué nuestro cuerpo reacciona con picazón al tedio? ¿Por qué la expectación espeta flemas? ¿Por qué las verdades producen estornudos, la negación provoca tos y el llanto se convierte en risa?
Creo que jamás lo sabremos; pienso que todos concurriremos, algún día, adonde debemos asistir por obligación; en mi caso, iré sin prejuicios o conceptos atados con los alambres de un yo; ese yo que siempre me acompaña sin pagar la entrada de cine, íntimamente, clandestino, se cuela dentro, en mi mente y en mi cuerpo. Los tres visitaremos a Deum Rationis Universalis, sin chistar, mugir, reír, soñar, escupir, siquiera suspirar el voto de la confianza.
El cuerpo se desentiende, la repentina sarna acaba, el músculo se relaja, la mente no tiene manera de aceptar ni negar. El yo triunfa y coloca la lápida de lo que se dice sobre mí que fui.
Lector: deje su frase provocadora, aquella que me haga toser, carraspear, tragar saliva…Yo quiero llorar la tragedia de mi muerte.



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