Ánima, Possum y el Vacío

Yo me quedo porque necesito la plata, la moneda, el asunto que mantiene a la esperanza viva. Me quedo porque me quedo, porque está en mí quedarme, porque no me queda otra, porque ya elegí la razón de mi obligación. Porque tuve pibes, porque quiero ser clase media; de esos, los que yacen a medio morir en esta tierra. La obligación del esclavo mal pago y con esperanza.
La marchanta de los premios y el calzón cagado por ese miedo a estar en donde la vida se supone que debe estar para que yo esté donde merezco. El terror, el sumo terror al desclase. Al multitudinario enigma que enuncian, sin proceder o declamarlo, los más pobres. El célebre: ¿Cómo hacen?

Esta pregunta se responde con más bajezas y humillaciones, diversa genuflexión. Me escandaliza la soberbia de la pena ajena, en observarme con desprecio y así, aún, conversar con pasión sobre la Libertad.

La Libertad es un derecho divino, desértico, apto únicamente en mentes cóncavas y convexas, para arrullos demenciales del porvenir, y que solo amerita una sustancia flexible: el espacio y el tiempo. Ellos, como simultáneos de una cadencia que sobreviene de las acciones primeras, infunden el pánico a los terrestres acostumbrados al rezo de una rutina que se acumula por segundos, minutos, horas y días; entre paños o segmentos de espacio, se regenera el simulacro de encuentro entre el ánima (soplo) y el possum (yo puedo). El Poder triunfa y expande los cuerpos en sucesión. Amanecen nuestros escenarios, declinan los días y los años...como predicado del Poder, que ampliamos gracias algo similar al celebérrimo conatus.

El pueblo atiende a la masa, la comprende en su eterno Guadalquivir. El río antiguo de las vasijas rotas de nuestros antepasados manifiesta partículas del encuentro del ánima y el possum ante el vacío delante que nosotros ahora hemos llenado. Tal como lo predijo Lucrecio en su temible y extenso poema De rerum natura: hay materia y hay vacío. Ambos están contenidos en el universo finito que se aloja dentro del Todo infinito. Que es azar la regla, y que lo organizado es la apariencia de un devenir que va siempre modificándose. Lo que no varía es el “siempre” de las leyes naturales, y Epicuro ya nos había expuesto sobre el clinamen. El azar genera los encuentros, pero las leyes físicas gobiernan el comportamiento de lo que ya existe. Es decir, el ser asalariado es una ley anterior a los avatares “azarosos” del libre mercado.

Concluyo esta instancia de mi redención como pacifista nato, propongo acentuar la “O”: Ótorrinolaringología. Y así se me ocurrirán muchas reglas insólitas, que podremos debatir en mi encuentro entre el ánima y el possum sobre el vacío eterno del Todo siempre insatisfecho.

Me voy a almorzar, me espera una ensalada con arroz y huevo; veré si degluto el possum de lo que se debe, en la esperanza de que el buen comer me traiga abundantes años de sodomía cósmica en este planeta ganado por desventurados y pueriles.

28/5/2025 un peregrini me contó un chisme: “El jefe del comando sur de los New Romans visitará nuestra coloniae Latinae para estacionar una base estratégica, cuyo fin es atacar y hundir barcos que se interpongan en la red comercial”.


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