WASAPEAR CON MI AZAROSO YO

21:34, 9/5/2025] Oso Rampoldi: Filosofía de la totalización infinita 

[21:34, 9/5/2025] Oso Rampoldi: Sin opuestos

[21:34, 9/5/2025] Oso Rampoldi: Que son dispositivos falsos 

[21:34, 9/5/2025] Oso Rampoldi: Los dispositivos son afirmaciones 

[21:34, 9/5/2025] Oso Rampoldi: De lo mismo

[21:35, 9/5/2025] Oso Rampoldi: Y la dialéctica se da con la realidad efectiva que es azar.


En fin, qué lo parió. Sí, lo Absoluto no puede tener fin porque dejaría de ser absoluto para (al) tener límites. Ya sean estos de inicio, de fin o en discontinuidades.

Lo absoluto difiere siempre de sí, nunca conocerá de sí; ya que es devenir sin acumulación de parcialidades, sin límites internos o externos, uterinos o de desplazamiento intertemporal sobre espacios propios u ajenos. El vacío es hipóstasis con lo absoluto cuando da el Todo. Cualidad compuesta, entonces, como causa eficiente junto al Todo, entendido como pansustancia originaria.

Es por esto que el Espíritu Absoluto de Hegel sería una contradicción, pensado desde el canon filosófico escolar: la interpretación tradicional, sistemática y "cerrada". Ese saber absoluto se concreta finalmente en la filosofía, que ya no está escindida del mundo, sino que reconcilia lo real y lo racional. El Espíritu Absoluto es teleológico (tiene un fin) y autoconsciente (se sabe a sí mismo como totalidad).

"Los dispositivos son afirmaciones de lo mismo"

Yo comentaría, como otros pensadores del siglo XX (Derrida, Deleuze, Lacan, entre otros), que el Absoluto no se “realiza”. Siempre es, nunca se clausura. No se reconcilia, no se reconoce, no se totaliza, porque hacerlo implicaría ponerse un límite, o que alguno ajeno, desde el sido, alienando y por alienación lo determine. Es ficticio, por lo tanto, suponer un fin en el azar. El Todo debe ser una radiación de lo que en el cosmos del azar se podría llamar: torrente de causas algunas o escupitajo celeste. El azar no tiene límites ni clinamen, el puro azar es lo indeterminado por ser lo que es y será, siendo todo lo que es para figurar como lo siempre Otro que aparece en un horizonte de sentido tras ensueño o fantasía. La irrealización no por necesidad, sino por esencia.

Comprendiendo que la esencia del azar, como crítica Badiou, es determinación derivando en Uno (o determinación que deriva en el Uno). Un monismo original, una entropía de posibilidades, debilitadas por la expansión de una esencia azarosa.

"Y la dialéctica se da con la realidad efectiva que es azar."

Sea como fuera, nada es tan disgregacional para escribir que tratar el tema del Todo y el Absoluto. Nada es casualidad ni asombro, porque el Todo nunca será. Sin embargo, el pesimismo de los 90 y lo póstumo del mundo del siglo XX tiembla ante la posibilidad de grandes utopías, de naciones enteras bajo la órbita del Oriente... Es por ello, que el Azar cobra relevancia; el azar sin ley, el azar de las pampas, de los desiertos, de los pueblos originarios está siempre determinado por la globalización de los clanes que nos habitan en los tiempos de los primeros hombres. Los dioses no viven ocultos, siquiera los vemos. Caer en la tentación de adorar quiebra al azar puro. Lo vuelve necesario, lo terminamos determinando como el fantasma que cubre las garras del poder oscuro que nos desvela, en nuestra condición de esclavos que modelamos este espacio tiempo que es el mundo imperfecto de deudas y divorcios en pena.

Todo siempre concluye, los tiempos y los hábitos no determinan una formación de lo real, las cuestiones del mundo se dan íntima relación con los pobres de espíritu que no reúnen las grandes mayorías del Todo. Por ello, las partes pequeñas son menores que las grandes; y las partes pequeñas no tienen poder sobre los cementerios. El proletario sufre la condición de lo azaroso en la máscara de un puente que deglute las almas, que perdidas se desprenden del cosmos cayendo en un universo diferente de estrellas que plena abundancia aguardan la resolución a nuestros conflictos más terrígenos.


Valga la pena también señalar que nada concluye este espacio de sufrimiento y expiación que llamamos el azar perpetuo de los que obedeciendo aclamamos no comprender los matices de lo mismo, lo que siempre es y será lo sometido que somete. Ese martillo neumático que rompe la frente de las vacas en el frigorífico tiene detrás una cadena de causas y sujeciones que da premisas para que el bicho caiga redondo en una bandeja, congelado de supermercado. Toda conclusión siempre termina azarosamente dispersa entre libros y panfletos de una sinarquía de poderes que chocan por un solo dialecto que nos reuna en una pluralidad de sin sabores. Es un dios, siempre el que detrás de todo, que busca siempre a un dios. NO hay humillación más grande que ser peón del propio encierro, suponiendo que el Azar es la regla anamórfica de la sumisión. Por esto saber que el dios dictamina me representa una opción más franca de putear al cielo y expresar: ¡Me quiero morir ya, y que la vida se esconda en una galaxia donde el Timeo haya sido escrito ayer y bajo la influencia de lo mismo que hubiese querido tomar yo! La cicuta del alma, la bienaventuranza del cuerpo que se hiela en su retorno alado. ¡La puta madre!

Vayan a comprar dos dólares o tres pesos, vayan y gasten lo que tienen para sostener al imperio americano; ese Norte que nos provee del extraño azar que nos determina como bichos perecientes y soñadores. Bichos cejijuntos y cansados del voleo en el orto que siempre nos da el Absoluto Espíritu de lo azaroso. La filosofía de la totalización infinita no reconoce opuestos, aunque sí enemigos. No hay Aufhebung (síntesis superadora), no hay progreso dialéctico, sino exposición radical a lo imprevisible. Lo espontáneo del hambriento. Lo espontáneo (necesario) del cazador es adelantarse a la víctima. El azar nos da la visión del cazado. Observamos como las fichas caen en un orden dialécticamente interferido por un poder soberano terrestre y de clan, basado en las condiciones del demiurgo de turno, apartidario pero siempre político. El demiurgo que no clausura, pero promete.

¡Viva Perón!


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