Fragmentos de Diarios de Colombia — Capítulo II: “Muerte de un editor”
Día 34
Este país me está matando; no sé si es la situación de mi depresión o la necesidad de escape, o realmente disfruto esto de torturarme hasta que la piel se escape del espíritu. Días y pasados días para mostrarme lo que sé que no es. Hay dudas y cansancio, existe mi idea de no fallar, de no derrotarme. Esta vez no escapará, pero cada día se vuelve más complejo. Más harto de todo, ¡y más! Es la posible vida de estar encerrado en este psiquiátrico, esta realidad real de no ser necesitado, ser retirado a un loquero. Me culpan por pensar; me encierran lejos como un eyectado… un meteco.
A veces es preferible callar y que nadie piense que uno está con la mente fuera del orden epistemológico del respeto agenciado. Los 49 millones de los que huí se fantasean por la ventana del piso 19 del Tequendama. Basta de genios, me tienen cansado. Me estoy muriendo.
Día 45.
Hoy puedo, por un rato, escribir esta carta desesperada; esta “agobia” de mi alma. Compuesto esencialmente por la realidad en su sustancia más espesa, en la depresión del horror del estar en el lugar y tiempo no correcto. De hallarme dislocado en un entorno, un muelle que gira. Un mal tiempo de ser, otra noción imposible. El residir desplazado en la materia, el no concordar por tiempo. El no ser sincronía con el mundo y el universo. El desplome de lo positivo por carga negativa de resistencia vista en el complejo de una breve letanía.
María llegó, la amo. Paseamos y viví un rato en este submarino extraño del día a día de estar trabajando para unos otros, que son lo inferior con mucho dinero. Estos “micos” salidos de lo profundo de la arrogancia del ignorante. Estos compuestos excepcionales llamados “Productores”. ¿Mas serán estos la propia identificación del tiempo sincrónico con el movimiento Tierra en Mundo?



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