La perfilación del subordinado
Descubro a veces en la piel cierto rechazo a la subordinación mundana y a las cosas que remiten a él. En principio, todos los hombres han sufrido el mismo dilema al existir en este paraíso de elementos encontrados, cuestiones alfanuméricas y de gravidez para la ciencia. Estos elementos tangibles que llamamos hombres son parte de una colonia indeterminada en la galaxia del laboratorio de alguno que olvidó la pizca de sal a un terrario de otros semejantes a nosotros, pero con piel de gusano, que producen seda de los árboles. Estos mundos, separados por distancias infinitas para nosotros, son apenas dos pasos en el laboratorio de la farmacéutica que busca la cura para el empleo.
Somos una cría de bacilos, una germinación del poroto, una diarrea infestada por una bacteria a la que llamamos dios. Sabe el plasma que se necesita para identificar qué elemento somos en la cadena de prensado de las pastillas. Sea como fuese, lo interesante es que la subordinación empresarial es igual para los universos lejanos entre nosotros y cercanos para ellos, que nos miran en una pecera más del montón, que el jefe les ordenó que inventen y así ganar no sé qué nueva patente.
Como seres elementales de laboratorio, las mujeres perfilan una intrépida forma de ser: una porción de ilusión, la amargura de lo maligno, la tentación del varón, el súcubo. Lo que hace al varón perder el rumbo hacia la sabiduría y la trascendencia. La mujer corta el camino hacia la iluminación. Dicho esto, no sé qué pensar; sin embargo, puedo decir que esta mirada monástica de la existencia confunde un poco lo que, en cierto modo, es evidente. El varón no se permite a sí mismo ambas cosas: o se tienen hijos y se cae en la trampa de la mundanidad, o se marcha solo, dolido y arrebatado, pero solo. Por qué los tiempos marcan estas cualidades con semejantes, como si fuera lógico este planteo. La mujer desvía al hombre del camino de la verdadera razón, no científica sino filosófica.
Soy testigo de que existen mujeres que potencian y producen filosofía, pero es cierto que también están aquellas que cortan las muletas de los masculinos que, asustados, corren en círculos por los costados de las sinusoides de cualquier morocha que se les cruce. ¿Por qué corren los hombres asustados? Odiseo no huye por miedo a Calipso, sino por miedo a lo que huir restituye: el tiempo, la herencia y la muerte.
Para no ofender a nadie, confieso que yo no pienso monásticamente: la tradición sí. Reducir el problema a la mujer o al hombre es un error: lo decisivo es siempre la relación que se establece y lo que esa relación permite o cancela. Es por esto que uno replica, como ente repetiente, la tradición que lo habla. En esa conexión con el ancestro que repite una y otra vez los mismos conflictos sobre un presente que dirime siempre bajo la díada de la experiencia y la decisión. ¿Es importante batallar con los ancestros? Probablemente sea lo mejor que podamos hacer como especie: mutar hacia un cultivo provechoso, benéfico. Los jefes del laboratorio que nos cultiva les dieron meses; si no funciona, destruyen todas las muestras.
El subordinado simplifica, atestigua y dignifica la cuestión: la colmena, el muestreo, la germinación o el cultivo. El subordinado subordina todo su mundo alrededor de la subordinación del experimento en curso, de la finalidad otorgada por los científicos que nos miran en microscopios como si fuéramos testigos de alguna plenitud que solo ellos logran comprender en su sapiencia supraterrenal. Fascinados con nosotros, escupen lo poco que opinan en cuadernos cuadriculados de papel que ellos mismos fabrican en otro laboratorio de la misma empresa.
El subordinado por la subordinación trascendental. La empresa aquella depende de que un nuevo remedio los salve de la quiebra. En nosotros aún hay esperanza, pero los días pasan… los siglos nuestros también.
En este terruño, los que vivimos amenazados por la legión infernal somos los que aprobamos el status quo que impone la mismísima academia extramundana —que autorizó al laboratorio— en su método científico legal.



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