ESCLAVOS DE GAIA (segunda entrega)
MIMANIC × Claude
¿Qué pensás sobre este texto?
Escribí una pregunta y Claude lo analiza con vos.
CAPITULO II
Presente mundo
Según consideramos el tiempo es aparente dentro de lo real supuesto, metáfora de metáfora; y es, además, el desarrollo de un cuento vital en constante movimiento, el transcurso de una epifanía, que elástica, se extiende en espacio; como lo sería un vidrio facetado que comienza a enfriarse desde un afuera a un adentro. Siendo lo movido el espacio que desarrolla al – dentro del – tiempo. Como una mecanicidad de única pieza, siendo lo mismo siempre que se eterniza en láminas. Un depósito que queda en el idéntico movimiento de otro espacio. Por esto dicho, buscar –bucear– en el espacio sería como escudriñar en el tiempo. Habiendo– coexistiendo – un espacio tan inmaterial como lo es también el mismo tiempo; ambos se descubren ausentes en el presente por estar aquellos en su propio lugar de tiempo, en su “lámina” determinada. Sumergirse para hallarlos –los presentes buscados– en el espesor de lo esparcido del movimiento, sería como observar capas de celuloide que se alejan de un núcleo finito, siendo mundo – que es todo concepto incluido – disperso en el cosmos conceptual y Tierra – que es toda materia incluida– en la observación empírica de un telescopio espacial o en una excavación arqueológica.
Esta fábula gravitaría en: desnudar la corteza de la Tierra en búsqueda de ese pasado deseado que se introyecta en lo geológico material, pero qué, sin embargo, también es expulsado hacia el cosmos en capas de tiempo espaciado, de mundo laminado, facetado, por así decirlo. Tiempo de espacios que se alejan como una refulgencia radial hacia otros mundos cósmicos, cómo lo hacen, de hecho, las ondas hertzianas que se retiran a los confines del universo llevando programas inútiles de televisión y canciones de Los Beatles. Transportándose el espacio del tiempo en capas de realidades proyectuales con inmanencia de existencialidad mundo – conceptual –.
En suma, el tiempo mundo, esta expansión de espacios virtuales con tiempos presentes que se escapan hacia núcleos de atracción fuera de Tierra. De allí que mundo sería captado por Luna, Marte, atravesando Venus, Júpiter, la Vía láctea, etc. Recibiendo cada cuerpo celeste, como polos radiales, el concepto mundo en “láminas” yuxtapuestas de espacios presentes. Hacia, quizá, fuera del cosmos mismo (de su propio concepto); láminas de infinitas proyecciones espaciales de tiempo que buscarían donde acoplar, donde re existir en materia a fin a su esencia “presento espacial”.
La luz y su retardo, pudiendo ser, efectivamente, una símil manifestación corpuscular de la proyección presente en el espacio material, floreciendo un presente que se eterniza, siempre deviniendo en introyección y erupción de energía conservada y así deviniendo en onda. Estas espacialidades temporales proyectivas funcionarían como fuerzas con inmanencias de un presente que se expresa en vibración vital calórica, y que, podría encontrar asideros en receptáculos de cuerpos celestes apropiados para el reservorio de vida material asociada. Coexistiendo inmanencia en Tierra a la manera de fósil geológico y mundo en la expulsión de entes contenidos en conceptos "signito" espacio vitales, de temporalidad única y singular. Irradiando mundo a Tierras, a manera de hojas con animación congelada que se apoyan sobre cuerpos celestes receptores de aquella “radiación” vital de existencia conceptual "móldica". La corporeidad de los espacios tiempos serían huellas sobre la arcilla de planetas en distantes galaxias, o, pasarían de largo cual facetas que escapan fuera del universo conocido de concepción racional.
Moldes de existencias expelidas en capas, cual código morse formando en el otro extremo un código, un genoma del Tiempo-mundo. El círculo íntegro de lo eterno en despliegue. La expansión del universo desde la emanación de espacios temporalizados con germen de existencia codificada en signos mundo. Buscando espejos en el vasto cosmos, escudriñando en donde dejar huella para relanzarse en una nueva emanación, cual postes telegráficos que retransmiten señales codificadas entre distancia lejanas. Semillas, espacio-mundo-tiempo que contienen mundo en presentes; como una lluvia o clinamen, pero en ordenación secuencial de transmisión intensiva y radial de puntos que contienen tiempo-mundo y mundo-tiempo. En suma, presentes estratificados en espacios virtuales que se despliegan en el Todo para resurgir en materia. Siendo nosotros, quizá, copias de copias de eternos presentes expelidos desde singulares presentes mundo de otros posibles Yo sígnicos. Una cadena de ADN cósmica en constante expansión. Una suerte de platónismo cíclico “apresentado” en espacios concretos de materia sensible orgánica, de mundo expelido del presente originario.
El diafragma de la diada disuelta, que dentro contiene la semilla de la ambivalencia futura, funcionaría a manera de reactivo inseminador de los perecidos en mundo. El proceso inverso de emanación vida desde Tierra, que incluye mundo, pero que germina en la muerte del aquí, en la escisión de la diada que expulsa la matriz ambivalente de la “nueva” vida.
Planetariamente hablando, nuestro Sol que emana su calor nuclear, pero no se cosifica en la Tierra en mini soles, sino en entes que son compelidos a la necesidad de aquel rey, luz y calor. Es decir, podríamos mencionar y no necesariamente así de esta forma especifica, que lo que emanamos en la muerte es la necesidad de reificación que en nuestra muerte se insemina en un contra tiempo que fluye. La inversa reacción de lo que observamos en mundo al enterrar una semilla de una planta, para posteriormente verla crecer. En el tiempo cósmico subjetivo astral, germinaría la planta en primer término y la semilla a posteriori. En la expansión del universo interno, en su propio recorrido del cuerpo, los tiempos relativos se producen en este interior. Por lo que consideraríamos especular: pasados, presentes y futuros a manera de relaciones virtuales de intercambio en el intra-cosmos, en la fotografía estática de lo que es en completitud.
El Sol percibiría su propia emisión proyectual hacia la Tierra (calor y luz) y a los ocho minutos de retardo, en llegar a la superficie terrestre, recién se produciría el efecto de aquella emanación. Esta relación de presente que se resuelve en el futuro de lo subjetivo del Sol es pasado en lo relativo de Tierra. La interconexiones entre sujetos (Los astros serían sujetos conscientes) que se conectan dentro de canales dialógicos de reciprocidad, reinterpretan el tiempo a su modo singular, es decir que lo dado en el intercambio no necesariamente es lo observable o medible dentro de nuestra humilde comprensión. Pero nos da una idea posible desde donde colgar nuestras teorías humanas.
En tierra estos ocho minutos del pasado se convierten en presente, energía, luz y calor de un Sol virtual. Por lo que podremos concebir que el presente del Sol real es perceptivamente inverso al de la Tierra. Ocho minutos, inverso. Olvidémonos, por un instante, de las matemáticas de la física con respecto a la velocidad de la luz, contemplemos el hecho del presente en su inversión a futuro. Esta cuestión no es menor, ya que lo que la relación presente y futuro entre astros se da en una concomitancia orgánica de un sólo mecanismo. Si el presente convive con el pasado virtual y viceversa, y las derivaciones del pasado fáctico son nuestras consecuencias en el presente. Se podría deducir que dentro del vasto océano cósmico en su fluir, como las mareas, nadar hacia un presente primordial es un imposible siendo pasado virtual, pero presente fáctico. Las consecuencias de aquel presente son específicamente nuestras secuelas y las de aquel en su espera y construcción (Todo es vida). Un intercambio mutuo, el Sol que emana su presente fáctico, y su pasado virtual que es nuestro presente ilumina nuestro hábitat que nos da la razón de la luz; la Tierra recibe la semilla de un pasado (semilla que es presente siempre, en lo singular de su internalidad) y el Sol emana la de un futuro. Metafísicamente hablando esto es muy significativo comprenderlo, porque nos da la pauta qué, en la retransmisión de singularidades cósmicas, el pasado y el presente son cuestiones ambivalentes entre pasado y futuro dentro de un océano (cosmos) que es presente siempre. La sumatoria de todas las relaciones que componen este océano nos dan la fotografía de un presente. Las interrelaciones epocales de los astros y galaxias entre sus presentes personales y sus pasados relativos para con los otros, nos permite afirmar un único presente, pero que incluye pasados y futuros relativos dentro.
A nivel sígnico o abstracto, las emanaciones de una vida se cosifican en la muerte que les da el inicio en otro espacio tiempo. El tiempo invertido en la expansión del universo, como un barco que navega contra corriente. Siempre yendo hacia el centro de un aparente Big bang, o inicio. En esta eterna búsqueda de lo finito que se torna infinito por no tener inicio. Como el océano quien no posee la capacidad de conjugar su nombre con un principio o un fin.
Germen de presente eyectado
La unidad mínima de representación sígnica, entendida en la física como la ultima partícula conocida y/o por conocer, no daría la internalidad de un presente único. Cual fotograma estático o diapositiva – aunque este fotograma inmaterial contenga no sólo un presente detenido, sino también, un espacio detenido, pero ambos: solución y abandono– a modo de ejemplo.
El presente contiene en su matriz un inicio y un fin, he allí su metafísica. El contener la dualidad en los extremos, la solución de continuidad a presente y el abandono a futuro. Cual frame cinematográfico con fundidos encadenados en sus extremos hasta el centro de confluencia. Podríamos advertir este segmento como el instante de representación, eslabón de una cadena, en el que en su interior intervienen fuerzas antagónicas que lo reducen a su propio ser efímero. La solución y abandono son “contrabando”, ilustrado como fuerzas antagónicas simbióticas y transportadoras del germen. Este dualismo propio de todo lo que se presenta física y mentalmente, por querer en el fondo, esconder nuestra existencia detrás de un movimiento reptante en el océano del tiempo. Un no querer ser descubierto, siempre en una camaleónica existencia de ser y no ser, cual lombrices dentro de la tierra oscura. Seres cazados dentro de un océano, siendo la mejor defensa, nuestro ser, el estar para rápidamente no estar dentro del mismo tiempo. Ser escurridizos en lo físico – también durante el sueño, ese momento del tiempo personal, propiedad también de nuestra especie–. Habremos de ser la especie dominante dentro de mundo, pero tan solo dentro de él, nuestra especialidad a nivel cósmico es escurrirnos en el tiempo, el no ser localizables. Esta voluntad de la Tierra por no ser descubierta es un innatismo de los astros que habitan menos desarrollados. La violencia no es una característica meramente humana, lo es del mismo modo a nivel universo. Es por esta razón que los astros mayores de tiempos aletargados, es decir, con partículas extensas, son mejormente localizables que nuestro minúsculo sistema solar. La manera de escapar a los agujeros negros, a la destrucción es reubicarse en el tiempo dentro del espacio cosmos. Esconderse del dios que todo lo ve (le importe o no a este dios, que suceda con el hombre) en su análogo planetario.
Este presente emanado por mundo, el cual Tierra esparce en su cinética orbital, es como hemos dicho secuencial, genoma. Contiene lo dicho en el instante dicho del ser en expansión. Es en este deposito de existencia, donde la unidad de lo múltiple sucede con todas sus singularidades dispuestas. Feromonas en trazas de olor mundo y conciencia Tierra. Es más bien el ser y la nada dentro de nuestra cognición de chimpancés, pero es lo que es, en sentido de parlamento planetario. Que en definitiva es un lenguaje superior, expositivo del vapor Nietzscheano. El espíritu de los filósofos alemanes se juega en este genoma cósmico, indecodificable con nuestros pobres instrumentos de sublunares constructos de Tierra. Como esporas viajamos en el viento del cosmos y el tiempo.
Tesis absolutista del concepto puro de mundo
Recapitulando, el presente mundo sería el pensamiento de Tierra sobre esta capa material de su propia intención; existiríamos en el inconsciente de la Tierra, lo que permanece alejado viviendo dentro. Por ser emanaciones de presente madurado dentro de un recuerdo opaco de la memoria, es que nos movemos dentro de un tiempo propio de la conciencia de Tierra. Habitamos en el tiempo de su tiempo, dentro de un letargo de ente gigante. Debiendo Tierra rumiar en movimiento alrededor del Sol. O, mejor dicho, el movimiento sería el pensamiento juicioso de Tierra, mientras lo interno material es la producción de ese movimiento, el inconsciente. Como las olas del mar, cuya corriente residiría el pensamiento del océano. Una cadena de movimientos, fábula o trama en las que esos movimientos desembocan en una reflexión activa y última al final de aquella. A manera de una película en la que cada movimiento de escenas desencadena en una siguiente hasta que en el fin de ese movimiento se concluye la idea en la síntesis de todo aquello movido. Siendo los rodantes un espacio de reflexión para asimilar el concepto resultante de la trama; esa es la razón por la que ya nadie se queda durante los créditos, no hay mucha reflexión que hacer al mismo cuento dicho mil millones de veces. Al final de un filme, al aplaudir se aplaude una idea, un mensaje, un concepto. Cuanto mayor reafirmador de ciertos valores establecidos más enfático será el aplauso. Luego de tanto súper héroes en las pantallas de cine, se nos merecía como especie tamaña pandemia de rimbombante aplauso. Es con esto acaecido que las películas de súper héroes quedarán alegremente enterradas. El Hombre habita sepultado en el intento de ser dioses olímpicos.
En este movimiento elíptico orbital en derredor del Sol, que a su vez es relacionalmente equivalente a todo el circuito mecánico del cosmos neuronal. Nuestro apercibiendo del mundo sería la consecuencia de un pensar de Tierra conforme a ese movimiento. Y el ser del hombre existiría en aquello interno pensado por Tierra como síntesis de su relación orbital con el Sol, siendo todo esto una parte del conjunto neuronal del cosmos y sus márgenes internos y externos. Muriendo el ente hombre en el cambio interno del ser en el ente, por el orbitar de Tierra que convierte al ente en ser olvidado de ella y sepultado en el abandono geológico, pero germen, en su resplandeciente inconsciente mundo.
Enterrados en la geología de los estratos materiales, expulsados al no ser de Tierra donde mundo se introyecta para reconducirse a un nuevo adentro y así su proceso inverso en la expansión cósmica del anverso de este universo. Este movimiento de introyecciones infinitas se coincide con las proyecciones perpetuas hacia el mismo sistema cosmos que se retroalimenta como el Todo fagocitador de presentes. Este ente inabarcable de presentes constituye su esencia y su presente continuo. Siendo el ser del ente, de este “monstruo”, algo que se apresenta en los presentes fenoménicos del cosmos entero contenido. No cumple una función ya que es la función de todas las funciones, la relación de todas las relaciones de un “instante”, inconmensurable para nosotros. Sin embargo, There´s always a bigger fish.
Es así como no tendría manera de no ser, un ente que accede a todos los entes existentes. Y este “monstruo” constituido por presentes de los entes cósmicos se daría así su presente en sí, como ser y como ente con la forma de los presentes del Todo. Una unidad de presentes que responderían también a otros “monstruos”. No siendo un mecanismo finalista mas sino una relación de presente y sus sub-partes, en constante ingestión y deglución para extraer nuevos “monstruos” relacionales. Habiendo materia en expansión por sedimentación de presentes Tierra y un eterno fluir en los presentes mundos del cosmos, en la Idea de su autogestión del pensamiento. Siendo esta dualidad una armonía única de un mecanismo en las que ambas partes conforman una entre otras dualidades. Y toda la síntesis del tercero producido, en otra, motora de otras y así hasta llegar al huevo del asunto que es la gallina, que a su vez es huevo y gallina; esto concluye en cada uno de los primeros presentes estáticos, figurativos de una propia conciencia que piensa en el mecanismo “monstruo” como vía posible de huida del Todo reificador.
El escape de los presentes hacia polos extensivos de reincidencia en esta suerte de panóptico, cárcel nuestra, con este vigilante “monstruo” a la caza. Anti-tiempo, esfera celeste, cascara de nuez que navega contra la marea de un presente eterno que avanza irreflexivo. La dualidad de nuestras condiciones dentro del tiempo-espacio, titilantes como los destellos de un sonar, intentando ser invisibles en el no ser del gran presente, que en realidad ya está encima, pero que la Tierra niega.
La ley de gravitación máxima que aploma la materia, desde un aplastamiento de las partes hacia el centro y sobre la corteza terrestre. Y si conseguimos escapar de la Tierra dentro de nuestros poderosos cohetes, porque la tierra y el Sol no sabrán de huidas con el baile frenético, escape del que Todo eterniza.
Antítesis materialista de Tierra y mundo.
Lo escrito se da en el concepto, empíricamente incomprobable – hoy–, pero factible en algunos aspectos de concordancia lógica dentro de una imaginería– porque la filosofía, creo que, en definitiva, es el poder de la imaginación singular del filósofo con bases en lo múltiple histórico de una tradición; despliegue de la semántica dentro de juegos del lenguaje. La razón ya se nos dio en el amanecer– Al menos con el registro mítico preexistente al presente en el que escribo. Presente mítico, el de hoy, en el que la materia responde a los primeros principios del pensamiento mundo generados en la cinética de Tierra; ya que cinética Tierra como thelos origina, dijimos, el pensamiento de lo opuesto, el inconsciente que es mundo. Resultado de una monoidea de ser en cuerpo celeste que gira, produciendo en mundo lo múltiple por fuerza contrapuesta.
La materia elabora por opuestos en matices de pensamiento: lo cálido o frio, lo húmedo o lo seco, lo vivo y lo muerto. Tierra trasforma/piensa en oposición a mundo. De dicha dualidad deviene el movimiento cosmológico y el introyectivo. Siendo lo qué rota, rotado en el adentro y, lo girado en el adentro, una multiplicidad por la rotación sobre ejes rotatorios y de translación; Rotación, translación, nutación, precesión y bamboleo: siendo Tierra un buen receptáculo de aceptación de presentes extraños de los más variados del cosmos más lejano. Un gran magneto dentro del vasto universo de emisión seminal. Receptora de los más diversos parajes del universo en sus presentes polinizadores.
Tierra magnética de curvatura receptiva, arcilla de moldes, materia fértil de Forma cósmica. Una copia de lo múltiple en especies. Una colación de asteroides caídos. Estados de presente mineralizado en lo geológico, como una adecuación empírica de la emisión virtual de presentes exógenos. Siendo este material cósmico aceptación de la cosa en sí que transmite el ADN del universo. Materia en conceptualización estratificada de la geología de signos lejanos. Inconsciente de planetas implosionados por algún fenómeno material o la explosión se sus brotes hacia el espacio. Fragmentos de geología, de memoria de presentes imantados en el duro elemento Tierra. Conservador de geologías, identidades y especies, conceptos apelmazados en lo rocoso. Civilizaciones seminales de construcción anterior.
Cristalizando Tierra en su orbitar de pensamiento mecánico en una reformulación inconsciente de lo atraído y repensado, materializado en entes que organizan mundo. A modo de fabrica cósmica de sentidos, en el propio movimiento general del universo. En un escape de todos, de aquello de lo que huimos por naturaleza.
El tiempo también es erosión; la degradación que se produce en el rotar de la tierra, en constante fricción el suelo con el aire, el mar contra la piedra, la Tierra dentro del cosmos frente a la antimateria. Un desgaste de la mecanicidad inmemorial, el roce constante con el cosmos, y, en un constante fregada y reproche con el en sí y para sí, Tierra y mundo. Un planeta que de rotar no deja de recibir desde el afuera y reformular en el adentro.
Todo lo dicho corresponde por cuenta y obra de la más insatisfecha especulación.
Tiempo acelerado del pensamiento humano
El tiempo relativo es según relación, entre el pensamiento del hombre y el tiempo se que se apresenta dentro de lo pensado por Tierra, en su sentido cinético. Dicha síntesis residiría, indiquemos, en el tiempo general sintomático que los entes sublunares transigen, en la relación del movimiento en el espacio de Tierra y su respectiva fuerza antagónica de relación con mundo. 24 horas aproximadamente, conocemos, sería la síntesis de un tiempo Tierra que se apresenta en mundo; “dentro” del ente, en su relación de escape con el Sol y el cosmos. Este compendio de tiempo presente se daría en el movimiento de espacio, en una fuerza que fluye y otra que detiene. Se apresenta como síntesis: un determinado presente en el ser del ente. Siendo este ser ahí, el inconsciente de Tierra que es mundo y el ente que es Tierra, representando a mundo y sus entes.
Este tiempo humano se da en la relación próxima de todas las interrelaciones exógenas y endógenas en la asimilación. Se podría decir que es un balance entre las fuerzas antagónicas de igual magnitud. Un futuro y un pasado que se enfrentan, el escape de Tierra y la contramarcha del Todo, asimilada por mundo en lo que podríamos llamar un tiempo inconsciente del planeta. Pero que nosotros por proximidad de rey desconocemos y solamente nos referenciamos en el del Sol para con mundo en nosotros y viceversa. Un tiempo interno medido por su inconsciente, datado por nosotros – criaturas– en calendarios y relojes.
Tiempo aletargado del pensamiento cosmos
Y el tiempo cósmico, equivalente al nacimiento de este planeta y su distancia con el principio cosificador. La distancia de escape de la inmanencia cosificadora, el allos interno implantado por la reificación del todo. Un escape de los sistemas galácticos para desprenderse de su matriz. El estado de ambivalencia del Sol por no estar ubicuamente y en escape a 220 km/s dentro de su Pangea cosificadora que lo contiene. El recorrido de un ente dentro de su propia matriz, resignándose a ser pieza en la huida. De allí y por transmigración, mismas condiciones a los entes menores como los nuestros y nosotros.
Pensar el pensamiento “afuturado” de mundo
Pensar el pensamiento edificaría una realidad que luego con el discurrir del tiempo aparente sería afianzada, para más “afuturadamente” volverse ciencia y ser asimilada por la razón. En aparente futuro mediato se construirá un instrumental que busque aquello que se intuía primero por la razón constructiva y porque se creía (no aparente) y era una “tal” realidad. Se observará ese fenómeno con un instrumento y se lo encontrará, pero siempre hay una idea más que surge después y se afianza como real, crece y se expande, se la estudia y teoriza, y, luego, se construye un nuevo equipo capaz de encontrar aquello que se suponía un “nuevo” real. Y así, en aparente ad infinitum.
EJEMPLO: El microscopio se consiguió después de la noción bacteria, la noción bacteria llegó después de la noción enfermedad, la enfermedad llegó después del nacimiento, el nacimiento llegó después de la muerte de un pensar lo pensado que se piensa pensando en el eterno presente. Si surge un nuevo mal, se le da entidad psíquica aparente. Luego el mal se impone en la empírea por la firme creencia en la psyche, luego se inventa un nombre para aquello que se impone como mal. Con el nombre se invierte tiempo en su investigación, eso implica más creencias, más circunstancias y espacios. Es un abanico, un plexo de realidades posibles que se abre en mundos. Se establece esa creencia, aquella que cuaja, que logra una trabazón con la existencia epocal verosímil. Se la depura, se inyecta límpida, cristalina, real. Se buscan los medios para encontrar aquello que ya y sin verse aún, es lo real. El instrumental se encuentra, se lo fabrica y de pronto, aquello que ya era real se descubre como un acontecimiento imposible, novedoso. Nos maravillamos ante el hallazgo de la ciencia triunfal. Aquello que ya percibíamos, ahora lo podemos contemplar en lo sensible, observar, admirar como novedad (a pesar de ser ideas o realidades de hace mas de dos mil años, aparentes. ). Ahí están esos átomos, esos que Demócrito había supuesto, creído y distribuido como pan caliente a sus discípulos, a los científicos de hoy también discípulos de aquél. ¿Alguien vio un átomo? El 99% de la humanidad no lo ha visto jamás, tan sólo el número exacto de antiguos que lo supusieron y que ahora están en concordancia numérica temporal con la cantidad de científicos de hoy, son los que observan este fenómeno que llamamos – el vulgo– átomo. Y cuando pasemos la era del átomo, del electrón y de lo más pequeño, llegaremos a aún más allá, más allá que nos lleva bien lejos y al infinito. Y los microscopios serán cada más potentes y correrán detrás de nuestras suposiciones, nuestras fantasías triunfales, nuestra realidad inventada en la prolepsis (prólēpsis) de una idea. El buscador de aquello que existe es el que lo conoce de antemano para crearse luego su propio camino en su creación, en su ser. El spin de las partículas es conocimiento posterior al de la rotación de los astros, no anterior. Siendo que las partículas están más a mano, mucho más cerca que el Sol, nos asombramos primero de lo ajeno.
El futuro en mundo, pasado en el entendimiento humano y su cosificación matricial
En la huida, verdadero ser de todos los entes relacionales. En el escape galáctico en el que estamos sumidos por decisión involuntaria se nos advienen aquellos presentes mundos que nos han pasado en la carrera, en la evasión hacia aquellos bordes del universo marginal. Es por este mecanismo de espacio tiempo seminal de Ideas, que en nuestro recorrido hacia allí donde vamos, por la carretera nos brotan las señales de lo cognocible que luego se apropiará en la materia de nuestros quehaceres cotidianos. Ya sean estos artefactos a la mano o la propia regulación de nuestra conciencia evolutiva. La autodestrucción del sistema solar, compelidos por habitar el tercer planeta desde el Sol.
¿Y Dios? Una idea milenaria, una realidad mítica. ¿dónde está? ¿Por qué la ciencia no se ocupa de él? ¿concebimos microscopios y telescopios para verlo, descubrirlo? A la ciencia no le interesa aquello, no cree en Dios, pero, además, ¿qué caso tendría tener la posibilidad de terminar este juego? ¿Es que hay más dioses dentro del Dios cristiano? átomos de dioses, electrones de serafines, ¿materia negra del demonio? Infinitos dioses dentro del Uno. Una tecnología hoy imposible de imaginar. Una Idea de masticación ligera, sólo posible durante una crisis terminal de la ciencia, de su base empírica.
A saber, lo encontraremos al dios, y cuando la ciencia retorne al cristianismo creyente, cuando este renazca en la aurora del día siguiente; pero, en el aparente hoy, una actividad es superada por otra. Un Descartes superado por un Leibniz. Es el tiempo de la ciencia, superarse día a día cada vez más rápido cada vez más vertiginoso este mundo científico, racional y cada vez más lleno de científicos cruzados, que cristianos. La ecuación se ha invertido: médicos, contadores, químicos, físicos, astrónomos, etc, etc, etc… Pululan en el éter, en el flogisto, en el h20 de la ignorancia epocal, de la exhibición epidérmica de la razón distributiva del subjetivismo posesivo en su compuesto de posesión Mundo.
Dicha multiplicidad de entes genera creencias cada día más rápidamente, no por calidad de contenido cámbrico, sino por cuantía específica de razón sumada en partes móviles del compuesto Ser/función aristotélica. El monto de celdas multiplicadas en el espacio genera la tela de realidad menos porosa, menos aislada y más densa, más fabril, herrumbre, mugrosa, muerta en cemento de razón cartesiana. El pasado del ente que recordamos es de espacios verdes, aguas dulces y mares limpios. Este, un pasado aparente de realidad porosa, impensada, de la memoria de los antiguos, de lo narrado, pero virgen para el hombre que cabalga tierras inhóspitas y desconocidas. El presente aparente es multiplicado por millones de conciencias que han brotado en este mundo plástico con la creencia ciencia, fabrica, y como los antiguos de dios metalúrgico. Así irá el remolino multiplicador hasta que se consuma, inclusive al acabar la propia ciencia consigo misma. En una suerte de entropía por una búsqueda enfermiza de lo que sus padres, madres y abuelos le han cimentado, le han inculcado, le han creado en tiempo aparentes de pasado “apresentado” en discurso, en espíritu. Y ese legado quejumbroso de nuevos acontecimientos, de múltiples hallazgos de eventos preconcebidos en teorías de siempre, reformuladas por el hoy de la razón acumulada, de la visión sobre aquel manifiesto función/materia, ser del ente aristotélica.
La bomba atómica existió desde el aparente: siempre jamás. La representación de destruir al otro (enemigo o amigo de díada) es arcaica, es credo y necesidad compuesta por razón de palíndromos de nuestra entidad cavernaria, de dibujar animales a cazar en el espejo de una pared que se enfrenta al homínido más nocturno, dentro de su condición de aparente pasado del ser. El hombre desplumado de Platón que dibuja la razón del hombre aristotélico, que despierta de una ligazón con el encierro. Entonces descubrimos cómo matar, con qué arma sería el mejor modo. Luego, la más rápida. Y finalmente la total que abarca todas las anteriores. Así es como tenemos nuestra amada bomba. Así es que somos carne, huesos y cenizas. Somos conscientes de nuestros antiguos, de nuestras guerras, de nuestras vidas como primates antiquísimos que un día se reconoció como carne pensante. Y si vamos hacía atrás de nuestra creencia del Big Bang, del verbo. Qué fácil es hoy hacer un arma en casa y matar, matar sin piedrazos a la cabeza, sin ahorcamientos mecánicos con los brazos. Matar rápido y sin fatiga. El homo transcendental es aquel que de todos los simios se dio cuenta que lo que era, es. Porque es el primero en tener memoria, en haber escuchado a su madre primero: sino comés te morís, para con los siglos escucharla expresar que el buey se pinta en la pared, porque detrás de esa pintura hay una circunstancia que nos alimenta. Y con esta representación rupestre de la realidad proyectada sobre una pared de piedra, nos damos cuenta siendo niños en esa cueva que hay algo más que existe, aunque no lo conozcamos. Y el mundo se va poblando de memorias y hallazgos. Y este homo transcendental pronto tomó el reino, de su reino. Los demás animales no tienen memoria, no tienen ciencia (son puros), son apenas una de las primeras etapas de recepción, la aceptación de lo dado. Carne fecundada de una idea que siempre es, siempre muta en acepciones de todo tipo de materia o no. De idea o no. Porque ese hilo de infinito círculo es el inicio de otro círculo infinito y así.
En fin, acá la situación es un escozor deudor de la Idea, más allá no llegamos aún. No poseemos argumentos ni razonables ni mecánicos u ópticos. La idea es el final del camino, si bien la idea de la idea ad infinitum, aburre.
La evolución del homo sapiens que es la materia cruda con hambre e imaginación. La creación se le da a cada paso mientras su visión se lateraliza como un ente que quiere ver más que lo que tiene frente. Quiere ver la periferia, luego querrá la nuca. Y esta apertura de visión con ojos que se alejan del centro nos muestra un mundo que se ensancha, pero ¿Hasta cuándo?
Ni hablemos de la ética que el miedo nos creó. Ética nacida de una idea primaria: el miedo. Luego será el triunfo de la civilización. De los asustados. Y diremos cómo eran los bárbaros, ¿cómo hacían? La ética de los asustados es una idea casi en desuso desde la bomba atómica. Total, podríamos morir en cualquier momento. Y ese es el gran legitimador del escape del primitivo, la segunda guerra mundial, ese es su legado, el verdadero. Y el universo se expande día a día, se vuelve como ya sabíamos los primeros, que era: Infinito. Pero la ciencia descubre que el cosmos es cada día más grande y es una revelación, deslumbramiento. En fin, la idea y la ciencia son una carrera entre liebre y tortuga, que pronto acelera abandonando su caparazón.



Comentarios
Publicar un comentario